XVIII

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—¿Por qué paró? —preguntó Malia, mirando acusatoriamente a Hannah como si ella hubiese hecho algo. Hannah puso sus manos en alto, mostrando que ella no había hecho nada. Desde el asiento trasero, Scott se inclinó en medio de ellas, sintiendo un conflicto inminente.

—Debe de haber una razón —dijo Hannah, mordiéndose el labio inferior.

—¿Qué? —murmuró Scott para sí mismo, cerrando los ojos, captando la atención de las chicas.

—¿Captaste un olor? —preguntó Lydia.

—Sí. El nuestro. El mío, el tuyo, el de Malia... —Scott se interrumpió a sí mismo, haciendo una mueca de asco—. De Hannah. Dios mío, Hannah, ¡tuviste sexo en este Jeep!

Hannah olfateó el ambiente, captando la esencia. Una sonrisa se extendió por su rostro.

—Oh, sí lo tuve —olfateó más—. Y fue estupendo.

—¿Cómo sabes a qué huele cuando Hannah tiene sexo? —preguntó Malia, frunciendo el ceño. Hannah abrió los ojos de par en par, y Scott la imitó.

—Oh, Hannah y yo... nunca —balbuceó Scott, sonrojándose—. ¿Nunca, verdad? —preguntó, inseguro.

—Si tuvieras sexo conmigo lo recordarías —prometió Hannah, guiñándole el ojo, de buen humor por la ola de esperanza que la había azotado—. Además, no fue con Scott. Tuve sexo en este Jeep con Stiles.

—Ya empezaste de nuevo —gruñó Malia en un suspiro—. Hannah, eso es absurdo.

—¡Este es el Jeep de Stiles! ¿Cómo explicas si no la esencia de todos aquí?

—Yo nunca he estado en este Jeep —aseguró Malia. Hannah miró a Scott, obligándolo a ponerse de un lado.

—Bueno... yo tampoco recuerdo haber estado en este Jeep —balbuceó, temeroso de hacer molestar a Hannah, pero diciendo la verdad.

—¡Exactamente! No lo recuerdan, pero sí hemos estado aquí —insistió Hannah.

—Hannah, por favor para —suplicó Malia—. Estás alucinando.

—¿Cómo es que estoy alucinando un maldito Jeep? ¡Es el jodido Jeep de Stiles! Lo conozco. Tiene mis galletas preferidas, se rompe apenas intentas encenderlo, tiene más cinta adhesiva que partes servibles y cada rincón donde están sentados ustedes ha tenido mi trasero pegado. Cada rincón.

—Hannieh, Parrish revisó el número del auto —musitó Lydia lentamente—. No hay registros del dueño.

—Oh, ¿y el Jeep mágicamente apareció? ¿Los malditos unicornios lo trajeron? No. Es real.

—Hannah tiene un punto ahí —dijo Scott. Malia lo miró mal.

—¿De qué lado estás? —siseó la coyote. Hannah miró a Scott, retándolo con una ceja. Scott tragó saliva pesadamente.

—Estoy del lado de todos —insistió.

—Hannah, soy tu amiga y como amiga te lo digo. No es real —dijo Malia. Hannah la miró como si quisiera enterrarla viva—. Perdí a muchas personas en mi vida. Perdí a mi madre, a mi hermana... Luego a mi otra madre que quería matarme. Es una lista larga y no quiero sumar más.

—¿Y tú crees que yo sí? —gruñó Hannah, batallando consigo misma para no darle un puñetazo a Malia—. Perdí a mi hermana, a mi mejor amiga, a Aiden... No quiero perder a Stiles también y si tengo que pasar por encima de ustedes para hacerlo, lo haré gustosa.

—Nadie aquí va a pasar por encima de nadie —dijo Lydia, tratando de aliviar la tensión. Aun así ambas chicas lucían como si quisieran matarse la una a la otra—. Hannah, estamos dispuestos a ayudar pero si no hay pistas...

Missing /teen wolf |running #6|¡Lee esta historia GRATIS!