~Capítulo once ~

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Patch eres tan hermoso. Un jodido y hermoso Ángel caído...

- ¡Scarlett! - caí del sillón. Si, como escucharon. Mi trasero colisionó con el hermoso, y duro suelo. Nótese el sarcasmo.

Levanté mi vista hasta llegar al rostro de Cass que me miraba muy divertida.

- No es gracioso. - me crucé de brazos. Y la estruendosa risa de mi mejor amiga, se escuchó por todo el apartamento. No me sorprendería si se hubiera escuchado hasta la otra cuadra. Me uní a su risa. Era inevitable. Debo admitir que fue gracioso. Aunque me halla pasado a mi.

- ¡Oh Patch!. - gritó Cassie haciendo que abriera los ojos como platos en señal de sorpresa. Al instante sentí como mis mejillas se calentaban.

- ¿Hablo dormida?. -pregunté temiendo de la respuesta. Que vergüenza.

- Siempre. -dice naturalmente y... ¡¿SIEMPRE?!.

- ¡¿Cómo que siempre?!.

Joder, eso era malo. Muy malo.

- Lo haces de pequeña. Pero relajate nunca has dicho cosas muy importantes. - se encogió de hombros, restándole importancia. Me golpee mentalmente, que idiotez habré dicho.

- Te tomaré la palabra, espero no haber dicho muchas cursilerías. O haberme avergonzado... dormida.

Cassie rió.

- Traquila.

- Bien. Oye... ¿qué querías?. - se había formado un silencio.

- Oh, si. Scott llamó. Dice que quiere decirnos algo importante. Esta viniendo para acá. - Cassie tenía la retención de un pez. Por eso era necesario preguntar.

- Debe de ser realmente importante. - Me levanté del suelo y me sacudí los jeans.

Junto con Cassie nos fuimos a los sillones a esperar a Scott.

De pronto retumbó el sonido del timbre por todo el pise. Cassie se levantó y fue a abrir la puerta.

Frente a nosotros apareció un Scott MUY sonriente. Tanto que daba miedo.

- ¡Aquí están mis dos chicas favoritas, luego de mi madre!.

- No te acerques.

Con Cassie nos escudamos detrás de los cogines, pertenecientes al sofá. Scott nos miró a ambas como si estuviéramos locas. Pero, viendo la curva de su sonrisa, que era muy similar a la del gato que aparece en Alicia y el país de las maravillas. Nosotras pensábamos que el loco, era él.

- ¿Por qué la sonrisa diabólica?. - interrogó Cass.

- ¿Diabólica?.

- Esa sonrisita Scott. Sólo la tienes cuando tenemos que hacer algo que no nos gusta a ninguna.

- Ah, no no es lo que creen.

- Escúpelo. - era mejor que lo dijera ahora, si no quería terminar siendo golpeado porque almohadones.

- Tienen que irse, al campo.

- ¿Ah? ¿ Cómo que al campo? ¿Cuándo?.

- Hoy. - miró su reloj. - dentro de dos horas.

- ¡¿QUÉ?!.

¿Atracción? |N.H| ©¡Lee esta historia GRATIS!