Capítulo 25.1-Ocaso

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Primavera de 1845. Castillo de Dunster, Ducado de Somerset

Tras dos semanas des de su regreso a Inglaterra, a su hogar,   Karen había recuperado gran parte de su aspecto y salud habituales. Poco a poco iba recuperando su fuerza y su vitalidad gracias a la cercanía de su familia que le resultaba como un soplo de aire fresco sobre su herida.La herida que le había causado tener que separarse de su hijo. 

En esa quincena, había establecido la rutina de sentarse a observar la puesta de sol des de una banqueta situada en el jardín de su cuñado estratégicamente. En ese espacio de tiempo del atardecer, el ambiente se tornaba fresco y gratamente satisfactorio para la joven que se placía con las caricias que el viento le regalaba. Al mismo tiempo, aprovechaba para bordar. Se reía de si misma por esa nueva afición que había adoptado. Jamás le había interesado la costura, ni había tenido paciencia para ello, incluso recordaba haber tirado contra el suelo multitud de diseños que su institutriz se había empeñado en enseñarle. Sin embargo, un extraño alivio le recorría por la sien cuando bordaba pacientemente el nombre  de "William" , llegando a soñar que algún día su hijo volvería con ella para poder ver aquello que había tejido para él. 

Audrey divisó a su hermana en la lejanía, sentada en la misma banqueta que solía estar des  de hacía varios días, se acercó a ella mirando hacia el sol que iniciaba su descenso y con las manos entrelazadas a la altura de su vientre. Se quedó de pie al lado de Karen hasta que ésta levantó la cabeza de su bordado para mirarla de forma interrogativa. Por toda respuesta, Audrey la miró clavando sus ojos azulados sobre ella:

-La condesa de Derby, Anne Stanlley ha fallecido hace unos días. 

Karen abrió los ojos desmesuradamente puesto que no esperaba semejante noticia. Realmente sentía verdadera lástima por su muerte pero sólo podía pensar en su pequeño. Lo que había sabido de la joven Anne era que cuidaba de William como si se tratara de su propio hijo y si ahora ella no estaba, ¿quién haría de madre para esa criatura? No quería ni imaginarse a una desconocida ocupando ese lugar, sin saber como trataría al hijo de otra mujer, Anne no podía tener hijos pero si Asher se casaba con una mujer fértil nada le aseguraba de que su hijo fuera tratado correctamente. De pronto, la ansiedad se apoderó de ella dejando sobre el mármol su labor y levántadose impetuosamente. 

-¿Y William? -preguntó tras el momento de silencio que se había formado entre ambas. 

-Quizás sea el momento de dar un paso Karen...- propuso Lady Seymour acurrucando la mano de su hermana entre la suya. 

-¿Quieres decir? ¿Sería apropiado con la muerte de Anne tan cerca? No  puedo presentarme en su propiedad sin invitación, no quiero causarle más problemas, tampoco sé cómo estará después de perder a su esposa...ni si me aceptará después de todo lo ocurrido.

-¿Y por qué no se lo preguntas?- quiso saber Audrey alzando una ceja y con una media sonrisa desconcertando a Karen , la cual hizo una mueca de confusión. Pero todo ápice de turbación se esfumó en cuanto detrás de Audrey vio que se acercaba una figura masculina con un bebé en brazos . 

La misma tierra que la sostenía se adentró en su ser despertándola del letargo en el que había estado sumida, sintió como Dios le estaba regalando una segunda oportunidad en bandeja de oro y no pensaba desaprovecharla. Los rayos de sol rojizos destellaban contra los mechones dorados del hombre que se le estaba acercando mas ella sólo tenía ojos para la pequeña criatura que tenía entre sus brazos.  Sólo existía él en ese preciso instante, y ni si quiera ella misma importaba. No le importaba que sus piernas estuvieran a punto de desfallecer de la emoción así como tampoco le preocupaba la falta de aire en sus pulmones por la alteraicón, única y exclusivamente quería cargar a su hijo en brazos para jamás volver a separarse de él. Nada ni nadie podría haberse interpuesto entre ella y ese bebé que movía las manos de forma inquieta en ese momento. 

Dio pasos cortos y lentos hacia Asher, deseando que no fuera un sueño, deseando que no hubiera enloquecido. Un dulce llanto se propagó a través del húmedo aire chocando contra su corazón de forma estrepitosa, haciendo que instintivamente alargara los brazos en su dirección. 

Cuando se encontraron a medio camino, Karen miró a su hijo como si no hubiera visto nada más hermoso en su vida. Le había crecido el pelo des de la última vez que lo había visto y sus ojos ya tenían un color oscuro más definido. Sin mediar palabra con Asher, dejó que éste dejara al pequeño en sus brazos, el cual se calmó pocos segundos después de estar en contacto con su madre. Karen lo acunó, lo besó y rió mientras dejaba que las lágrimas de felicidad corrieran por su faz libremente. Era real, era William, y estaba con ella.  Con el dedo índice acarició su nariz y su frente suavemente mientras le dedicaba palabras amorosas y promesas haciendo partícipe a Asher de una sensibilidad que desconocía en Karen. 

Asher observó la escena y sintió que era el hombre más afortunado en esos instantes, el sol quedaba detrás de  Karen haciéndola a ella y a su hijo como la verdadera representación del cielo en la Tierra; iluminándolos afablemente para poder dar paso a la noche, la cual ya despuntaba en el firmamento, a través de un fino hilo oscuro. 

-Cásate conmigo- fueron las únicas palabras que Lord Stanley pronunció. 


Ojos del anochecer ( III Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!