🎨1: El puente de Londres

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Suspiré saliendo de mi casa con llaves en mano y colocándome el casco para montar mi bicicleta.

-Enserio necesito un auto. _murmuré para mi misma empezando a pedalear.

Hace aproximadamente media hora que debía estar en clases, pero o la alarma no sonó, o influenció mucho que me hubiera quedado hasta muy tarde dibujando. Ya no valía la pena, no quería llegar y que el director que tanto me adoraba (nótese el sarcasmo) me castigara e hiciera ir a mis padres de nuevo. Ellos ya estaban muy ocupados con sus trabajos.

Decidí dar un paseo por Londres, el día no estaba tan frío así que valía la pena dar una vuelta, pero primero que todo, debía comer algo. Con la prisa no había desayunado. Ya que quería matar tiempo y mi hambre no estaba tan feroz, decidí ir a mi restaurante favorito que se encontraba cruzando el río Támesis. Algo lejos, pero no tenía nada más que hacer.

Mientras cruzaba el puente de Londres, admiraba como el sol alumbraba con más fuerza y fue tal mi ensoñación que terminé chocándome con una chica.

-¡Weeeepaaa!... _sonreí ayudando a la chica a levantarse. -Con más cuidado princesa que no tienes el poder de atravesar objetos. _bromeé ayudándola a limpiarse.

-Pedazo de idiota. _refunfuñó sacudiéndose algún rastro de polvo que quedaba.

Yo me quedé mirándola, tenía un lindo suéter color mostaza; su cabello castaño aún estaba algo húmedo por la ducha que seguramente hace poco había tomado. Sonreí de nuevo sin poder evitarlo.

-¿Te hice daño? _pregunté amablemente sin despegar mi mirada de la chica.

Y entonces ahí fue cuando ella me miró, tenía unos ojos castaños hermosos, una suave capa de maquillaje cubría su rostro y sus labios estaban en línea recta demostrando así, su molestia por lo que acababa de suceder.

-Agradece que no lo hiciste, porque te habría acabado. _volvió a refunfuñar cruzándose de brazos.

Volví a reír.

-Si te hubiera lastimado... Estarías suplicando que te llevara a un hospital. _me acerqué un poco a ella.

-Eres una idiota. _rodó sus ojos.

-Para que veas que no soy tan idiota, te voy a invitar a desayunar. _sonreí ampliamente empezando a caminar con mi bicicleta a la mano.

Pero la chica se había quedado estática sin quitar su mirada de disgusto y yo, extrañamente, volví a sonreír.

-Ya entiendo... _reí suavemente. -Papi te ha enseñado que no debes hablar con extraños. _la miré fijamente sin quitar mi sonrisa y ella me lanzó una mirada de que justamente así era. -Bueno, bueno, para que dejemos de ser extrañas... _me acerqué a ella y le tendí mi mano. -______ Russell.

La chica miró mi mano y después miró mi rostro.

-Que me digas tú nombre, no significa que dejes de ser una extraña. _contestó mientras yo seguía con mi mano estirada.

-Entonces si quieres que deje de ser una extraña... Acompáñame a desayunar. _susurré acercándome a ella y volviendo a tomar mi rumbo.

La chica después de dudarlo un poco me siguió.

(...)

-Admite que te ganó el hambre. _bromeé sentándome en mi lugar preferido con la chica frente a mi.

-¿Tienes la costumbre de traer a desayunar a las chicas con las que te chocas? _la chica levantó una ceja en señal de desconfianza y yo me encogí de hombros.

-No es muy común encontrar chicas torpes por aquí. _sonreí y ella abrió ligeramente su boca, indignada

-¡Yo no soy torpe! _protestó.

London (CAMILA CABELLO Y TÚ) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora