PAREJA PERFECTA

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"La mayoría de las cosas que te digo no tienen sentido...

sólo las digo para acércame a ti."

A cada paso que daba, por cada centímetro que avanzaba, las notas musicales podían escucharse con mayor intensidad.

Por inercia, cuando Candy alzó la vista hacia el cielo despejado, levantó la mano izquierda para proteger sus ojos de los rayos del sol. Después de casi dos meses lejos del colegio, sabía que no debería mostrarse sorprendida, pero aun así, se sintió abrumada por la esplendorosa vista que anunciaba el inicio del otoño. Con la hojas de los árboles cayendo y crujiendo bajo sus pies. Era el tipo de paisaje que le causaba nostalgia, el presagio de un cambio.

Terry interrumpió su melodía al escuchar los pasos acercándose al árbol y la figura femenina se recargo, indiferente, en el tronco.

Su rostro no pudo evitar sonreír al verla.

Hola – saludo, pero la joven ni siquiera volteo a verlo.

No te alegres tanto, debo decirte que aún no te he perdonado, Terry.

Yo no pienso pedírtelo – musito Terry, animado.

¡Eres malo! – su tono tenía un dejo de indignación.

Debo prevenirte que tengas cuidado o te parecerás a la hermana Grey – Terry se quedó callado una vez más, la rubia desvió la vista. No estaba molesta ni nada por estilo, simplemente quería conservar su dignidad inicial.

Te aclaro que no he venido a buscarte a ti, Terry – elucidó, consiguiendo borrarle la sonrisa del rostro.

¿No? – cuestionó cautelosamente. Ella le tendió la carta de Albert.

Mira – Terry la tomó – es solo una línea, pero te menciona, por eso quise mostrártela.

Siguieron conversando sobre la visita de su padre y Candy lo empujo cuando la embromo sobre poner la misma brillantez deductiva en clase como en su vida privada.

Cuando se quedaron en silencio e invadido

por una gran nostalgia sobre los momentos vividos en Escocia, en el rostro de Terry se dibujó una sonrisa.

Tengo que irme – anunció Candy, desperezándose – Pronto será la hora de la cena.

Quédate un poco más, pecas – pidió él, sin apartar la vista del horizonte.

Pero...

Vamos, dónde está la intrepidez de Tarzán Pecoso.

¡Eres un grosero!

¿Qué tienes que perder? – preguntó por fin, mirándola a los ojos.

La hermana Margaret me retara si llego tarde nuevamente al comedor – Terry resopló.

Este es el motivo por el que tú y yo jamás podríamos casarnos – dijo llanamente, recargándose más en el tronco. Candy le envió una mirada contrariada - ¿Qué? – preguntó con ingenuidad.

Disculpa que sea yo quien te baje de tu hermosa nube de colores... - musitó ella – pero ese no es el motivo por el cual tú y yo no podríamos casarnos. Créeme. Hay muchos motivos mejores – Terry alzó una ceja.

¿Cómo cuáles? – sondeó interesado. Candy rodó los ojos.

No lo sé... centenares – apuntó, tratando de levantarse de nuevo.

Nombra uno para mí, pecas.

Mira, allí mismo tienes uno... siete meses de conocernos y me sigues llamando pecas o tarzán pecoso.

Pareja PerfectaWhere stories live. Discover now