1º CAPÍTULO "SABERSE OLVIDADO"

82 1 0

I

Ahora es cuando más solos nos sentimos. Cuando llega la noche. Cuando lo único que tenemos a nuestro alrededor es la oscuridad. Le tenemos miedo. ¿Por qué? Nos preguntamos mil veces la razón. No le encontramos sentido. Sabemos que detrás de cada sombra no hay nada, pero nadie nos lo puede asegurar. La noche es tan misteriosa.

Cuando nos metemos en la cama y a oscuras nos arropamos es cuando muchas veces más solos nos sentimos. No ver a nadie a nuestro alrededor nos hace vernos solitarios aunque tengamos mil amigos y familiares. Al apagar la luz todo se convierte en tinieblas, penumbras, nada de eso nos sirve, nada de eso nos consuela.

Todos, cuando llega este momento, deseamos que alguien esté a nuestro lado. Tener a alguien en la cama que nos caliente las sábanas. Cuando estás como yo ahora, acompañado tan sólo por la soledad, te das cuenta y te repites que necesitas a alguien. Es imposible seguir viviendo así. Necesitas a alguien que te acompañe, que te diga que te quiere. Así todo sería mucho más fácil, nadie se tendría que preocupar de si te encuentras solo o no.

Cuando alguien se encuentra como yo, sin compañía, desea quedarse enseguida dormido y que la noche pase. Cuando estamos dormidos el tiempo no pasa, si no vuela. Menos cuando se tienen sueños atormentadores o cuando se sueña con esa persona amada por la que lo darías todo. Esa persona que podía ser tu vida, tu consuelo, con tan sólo pedírselo. Una palabra tuya bastaría para que el otro te dijera “sí”, pero no eres capaz de decidir y plantearte si de verdad lo quieres. No sirven para nada todas las indecisiones. Esas dudas de si te rechazarán. No te decides a decirlo y nadie puede hacerlo por ti. Eres tú quien tiene que decidir y pronunciar ese primer “te quiero, me gustas” y no esperar a que otra persona lo haga por ti, hasta que otra persona le diga que lo amas. Tienes que ser tú quien encuentre ese momento determinado. Tontos somos pensando que nunca es el momento adecuado. Que este preciso momento no es el idóneo para hacerlo y dices “mañana, de mañana no pasa”. Lo creemos muy fácil, pero cuando llega el mañana volvemos a decir lo que Escarlata en Lo que el viento se llevó: “Mañana será otro día”, y lo dejamos pasar. Qué engañados estamos en lo que respecta al amor.

El tiempo pasa y sigues sin nadie. Alargas el brazo y sólo encuentras soledad, huecos vacíos. En el otro lado de la cama no nos acompaña ninguna otra persona.

Hay noches en las que no se logra dormir fácilmente y por mucho que se quiera no se llega a conciliar el sueño con rapidez. El otro día fue uno de esos en los que deseaba dormir en menos de cinco segundos.

Me tumbé en la cama. Me arropé para dormir pero me era imposible. Tenía los ojos expectantes, abiertos como si fuera un búho. Mil ideas recorrían mi mente. Hacía un resumen de lo que había hecho durante el día. Un día como todos, era un día vano, sin ningún acontecimiento especial, como cada día, cada mañana. Me levanté y me metí en la ducha para tomar mi baño. Qué poco se valoran momentos como éste cuando se está bajo la ducha en un baño caliente con el agua cayendo. Una cosa tan sencilla, tan fácil, que te hace sentir tan relajado, liberado de las tensiones. Te metes en la ducha. Dejas caer el agua. Te enjabonas. Después dejas que la espuma caiga por el empuje del agua. No es más que esto, agua, agua caliente que te hace destensar todos los músculos. Te hace sentir bien. Y esa ducha acompañada con el estremecimiento del agua fría hace que te recargue las pilas y te despierte para todo el día.

Así es como comienzan todos los días mis mañanas, cada día del año, de la vida de este pobre hombre que aquí te intenta transmitir un poquito de sus vivencias.

1º CAPÍTULO "SABERSE OLVIDADO"¡Lee esta historia GRATIS!