Capítulo 21-Sentimientos encontrados

5K 978 33

Karen se adentró en ese fastuoso salón, repleto de caras desconocidas, tras ser anunciada por el Mayordomo Real. Como siempre que acudía a un evento social, el resto de invitados parecieron gravitar hacia ella como si se tratara, verdaderamente, de una hechicera. Hombres y mujeres se acercaron a la bella joven para iniciar conversaciones banales. 

Tratando de volver a retomar la facilidad de palabra en situaciones como esa, de pronto notó una sensación conocida entre tantos desconocidos. Había algo en el ambiente que le resultaba familiar mas no sabía identificarlo. 

Cuando la doncella la liberó de la capa,sintió como un escalofrío recorría su espina dorsal;sin embargo, no era el frío lo que le había causado tal estruendo interior ,sino él. Aún no lo había visto ,pero sentía su mirada sobre ella y sus notas de cuero amaderadas inundando la sala. 

Él no la llamó, no se acercó. Pero ella lo había escuchado, lo había sentido. Se giró para encontrarlo y clavó sus ojos negros sobre los de él. Sobre Asher, el amor de su vida, el único hombre al que había conocido y el padre de su hijo. 

Se quedaron solos sin estarlo, tan sólo existían ellos dos y todo aquello que se decían a través de la mirada. Las conversaciones alrededor se silenciaron y los colores se disiparon, así como el propio aire quedó inservible entre medio de ambos.

Los ojos de Karen volvieron a brillar de esa forma tan suya y, que hacia tanto tiempo que no lo hacían, como si la sola presencia de Asher le devolviera la razón de vivir;  observó como sus mechones dorados caían sobre su faz cual seda gualda, enmarcando sus facciones masculinas que contenían dos pozos de agua fresca y vibrante, que vibraban con verla. 

Sin desviar la mirada del objeto de la misma, Karen dio pasos inconscientes hacia él dejando atrás al grupo que se había formado a su alrededor y, que la miraban, desconcertados.  Sintió como un ligero temblor se apoderaba de sus piernas y de su pecho al sentirse cerca, cada vez más, del mismísimo elixir de su vida, del conde de Derby.  Sin quererlo, sintió como él la abrazaba y la acurrucaba entre sus brazos a pesar de que aún no había llegado a su altura. 

No obstante, su marcha se vio detenida por la intromisión del Mayordomo Real:

-Su Majestad el Rey Luis Felipe I de Francia. 

Todos los presentes no tardaron en acotar su cabeza en señal de respeto, incluidos Asher y Karen ,aunque aún con la cabeza inclinada seguían mirándose de reojo. 

El Rey pasó entre medio de sus súbditos e invitados con cierto porte orgulloso hasta llegar al medio del salón. 

-Señoras y Señores - inició Su Majestad, haciendo que todos se alzaran y centraran su atención en el solemne anfitrión- es para mí , un motivo de gran alegría teneros en Versalles. En esta ocasión, tengo la satisfacción de recibir entre nosotros a ilustres extranjeros. Por un lado, a Lord Umberto Conti de Italia- el nombrado inclinó una vez más la cabeza con serenidad y sonrisa cortés , al ser señalado por el Rey de Francia ante sus súbditos- por otro, a Lord Asher Stanley como embajador de Inglaterra- el Almirante hizo lo propio, riguroso con el protocolo- y, por último,  a la hija de un difunto pero grandioso Duque Inglés, Lady Karen Cavendish- la joven pelinegra respondió al halago con una pequeña reverencia y una sonrisa sincera que no pasó desapercibida por el Monarca, acostumbrado a la falta de sinceridad y a gestos fingidos. 

Los asistentes fueron conducidos hacia el jardín, donde había largas mesas con manteles blancos repletas de fuentes y más fuentes de dulces y canapés deliciosos. Afortunadamente, dicha parte del exterior, estaba completamente cubierta por grandes cristales que hacían el efecto de invernadero, protegiéndolos así del frío. 

Ojos del anochecer ( III Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!