Capítulo Uno

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Se acabó.

Un congreso más para mi lista.

Ese viaje no fue uno más, no para mí.

Cambió mi vida por completo.

~~~~~

El comienzo

Era un sábado, en una ciudad llamada Donostia-San Sebastián. Llevaba desde el jueves persiguiendo a mi jefe Alberto a cada lugar, ya que soy su secretaria. Pero por fin era hora de volver a la gran ciudad de Madrid.

Estaba haciendo las maletas cuando comencé a pensar. ¿Hace cuánto tiempo que no había tenido unas vacaciones? Mucho, demasiado.

En aquel instante, dejé de hacer mi equipaje y fui a la puerta de Alberto. La toqué varias veces hasta que me abrió.

-¿Necesitas algo Paula? Espero que sea importante porque no puedo perder el tiempo con tonterías, y menos cuando tengo un vuelo dentro de tres horas.

Él y su arrogancia...

-Don Alberto, venía a pedirle unas vacaciones-le comenté-Usted sabe cuánto trabajo y ya que estoy aquí, querría una semana de vacaciones. Sé que habrá mucho trabajo pero...

-Paula, no hace falta que me des explicaciones. Quédate, nos veremos en mi oficina dentro de una semana.

-Muchísimas gracias don Alberto.

Nunca pensé que sería tan amable, con lo terco que parece.

Volví a mi habitación. Por suerte, mi maleta no estaba hecha del todo por lo que fue bastante fácil deshacerla.

Salí a la calle y me encontraba en frente de la playa, al igual que mi hotel. Hacía un tiempo extraordinario y había oído en la radio que seguiría así durante toda la semana. ¡Qué emoción!

La pregunta era ¿qué iba a hacer yo sola en una ciudad desconocida para mí durante una semana entera? Normalmente hay autobuses en todas las ciudades para conocerlas un poco, pero yo suelo ir por libre.

Me senté en un banco y cogí mi móvil. Busqué en internet qué lugares eran los más visitados de toda la ciudad; el resultado, no me enteraba de nada. Había demasiados sitios, demasiadas direcciones. Necesitaba algún amigo, y el caso era que todos mis amigos estaban en Madrid; además de eso ninguno conocería esta ciudad.

Decidí levantarme y empezar a andar porque sentada sí que no iba a ver nada de nada. Fui viendo las calles hasta que en una esquina me choqué con un chico.

-Perdóname, no te había visto-me disculpé.

Había tirado al suelo una carpeta llena de fotos, y lo menos que podía hacer era recogerlas.

Y ese fue el momento. El instante en que nuestros ojos se encontraron; sus ojos marrones oscuros con mis ojos azules, que por cierto, no tenían nada de especial.
Demasiada dramatización.

-Tranquila, yo también tengo parte de culpa. No miro por dónde voy, la mayoría de veces-contestó él.

Me reí.

-Bueno, lo siento otra vez. Adiós.

Y me fui. Cobarde, era una cobarde.

Perdí la única oportunidad que tenía de conocer a alguien. Además, ese alguien era un bombón con su pelo negro y sus ojos marrones que atrapaban toda tu atención. Tenía toda la pinta de ser un seductor, un chico que iba de flor en flor. Una noche, una chica.

Si mi hipótesis era cierta ¿para qué quería un chico así? Yo no soy de esas chicas que quieren un chico para una noche, a mí me gustan las relaciones serias. Yo y mis problemas sentimentales.

Tendría que seguir en solitario. ¡Qué dura era la vida de soltera (en mi opinión)!

Llegué a un bar. Me tomé una Coca Cola, necesitaba recuperar energía después de trabajar durante dos días.

Entonces, le pregunté al hombre que me sirvió mi bebida a dónde podía ir, algún lugar turístico o lo que fuera.

-Hola, buenos días. Soy una turista perdida y querría saber a qué lugar puedo ir.

-Puede coger un autobús.

Le di las gracias, aunque tampoco me informó mucho.

Y allí fui a coger mi autobús. La verdad, no tenía ni idea de a dónde se dirigía pero tener una aventura tampoco me vendría mal. Luego me arrepentiría de lo que dije en aquel momento.

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