Capítulo 31

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Giselle.

Una vez que entro al café me permito respirar con libertad, aunque, al hacerlo, mi cuerpo duele, también me obligo a caminar y me adentro al lugar. Lo primero que noto es el pastel enorme que descansa sobre el mostrador. Es de dos pisos y noto, gracias al color, que la primera cubierta es de chocolate mientras que el piso de abajo es de vainilla. El número dieciocho adorna la parte de arriba junto a mi nombre decorado en escarcha.

— ¡Dios mío, Giselle! — Mi madre exclama. El matiz de alivio que tiñe su voz no se me pasa desapercibido —. Estábamos tan preocupados por ti.

— Estoy bien, mamá — digo, cuando la veo acercarse.

— Sí, veo que estás entera — se planta frente a mí y me da un fuerte abrazo, tengo que reprimir un gemido adolorido cuando sus brazos se aprietan alrededor de mi cuerpo.

— Vamos a cantar cumpleaños ya — intento sonar animada mientras también trato de no concentrarme en el dolor que explota en mi sistema cuando me abraza con un poco más de fuerza —. Quiero un poco de ese chocolate — comento, para sonar casual.

— Cuando tu padre me contó tu repentina obsesión por el chocolate no pude creerlo — suspiro aliviada cuando se separa, sin embargo, trato de no hacerlo notar, quiero parecer normal.

— Sigo vomitando cuando lo como — sonrío… o eso intento.

— ¿Ah sí?, ¿para qué lo comes entonces?. ¿Es una nueva dieta o algo así?, ¿es para inducir el vómito sin meterte el dedo hasta la garganta…?

— ¡Diablos! — Jadeo ante su pregunta — No, mamá, no es nada de eso. Es sólo que he estado con ansiedad…

— No estarás embarazada, ¿verdad, Giselle? — Mis pasos se congelan cuando esas palabras salen de la boca de mi madre.

— ¿Estás loca, mamá? No, no estoy embarazada, no seas absurda.

Por supuesto que no lo estoy. No puedo estarlo… las cuentas no dan.  La última vez que estuve con Chase fue hace unos cuantos días atrás — el día de la graduación — y, antes de eso, estuve menstruando. Y ninguna persona tiene síntomas de embarazo tan temprano.

— Bueno — la escucho suspirar, no muy convencida.

Después de eso, papá, Sam, Hannah y los demás aparecen. Luego de hacerme unas cuantas preguntas sobre dónde estaba, cantamos cumpleaños y yo, no muy animada, soplo la velita y pido un deseo… deseo que no existe.

Papá pica el pastel y, junto a Victoria, empieza a repartirla. Samanta se encarga de servir las bebidas.

— Tengo algo que decir — digo, con mi vista clavada en el piso.

— Habla, cariño — mamá me da unas palmaditas en la espalada, animándome a continuar.

— Cuando llegué a Hemsworth — suspiro, ordenando mis ideas y sentimientos. Intento ignorar el nudo en mi garganta y continuo –: Cuando llegué el plan era terminar el último año y volver a California y… bueno, esos planes no han cambiado — levanto la vista para mirar a mi padre, el cual me mira de forma fija —. Lo siento, papá, pero quiero volver con mi madre lo antes posible. Aparte, pienso aceptar la beca de la universidad de Los Ángeles, es una oportunidad increíble que no la puedo desaprovechar.  

Veo como mi padre parpadea unas cuantas veces, pero asiente. Lo noto resignado.

— De acuerdo, cariño — sonríe, de forma triste —. No hay problema — después de esas palabras, vuelve a cortar un trozo de pastel.

— Bueno… — mi madre suspira, a mi lado —. En realidad, yo pensaba irme mañana en la tarde, creo que aún hay tiempo para comprar un pasaje.

MAHDLN: La reencarnación de Hazely Way¡Lee esta historia GRATIS!