Prologo.

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-Hace un mes-

La mañana después de San Valentin, Dylan Hemmings asomó la cabeza sobre el borde de su edredón con el ceño fruncido y sus ojos en rendijas, intentando visualizar algo más allá de sus pestañas. Flashes intermitentes de la fiesta de neón a la que había sido invitado la noche anterior, parpadearon creando un remolino de imagenes y momentos a los que no lograba encontrarles sentido alguno. Recordaba el calor sofocante del local, la pintura fluorescente brillando bajo las escasas luces y los tragos que habían pasado por sus manos.

¿Cuanto había bebido exactamente?

Parpadeó a través de la visión borrosa y miró alrededor la habitación. Apenas comenzaba a acostumbrarse a su nuevo apartamento, pero estaba bastante seguro de que en la semana que llevaba viviendo allí, la luz del amanecer jamás había golpeado su rostro con tanta potencia como ahora. Una mirada más de cerca le dijo que la ventana estaba en la pared equivocada y aunque el suave tono celeste de la cortina que veía era lindo, estaba bastante seguro de que la misma había sido gris con franjas verticales blancas cuando la compró. Él no tenía cuadros de boxeadores en su habitación, tampoco. Y jamás hubiese elegido un edredón rojo para su cama como el que estaba cubriendolo ahora.

Sentandose bruscamente, miró alrededor con el ceño fruncido, absorbiendo cada detalle desconocido con total confusión.

Esta no era su habitación, eso era obvio.

¿En que mierda se había metido ahora?

Ir de fiesta y entrar a clubes nocturnos siempre había sido una de sus actividades favoritas. Había estado colandose en diferentes pubs desde que tenía dieciséis años, pero solo desde hacia relativamente poco tiempo, cuando había cumplido veintiún años, había cedido a la insistencia de sus amigos de que bebiera alcohol. Lo había disfrutado, pero después de despertar desnudo en la playa con un tatuaje en su cadera y ningún recuerdo de la noche anterior, había decidido no hacer de perder su mierda un habito.

Había aprendido a detenerse tras un par de bebidas y volcarse al agua y jugos frutales la mayor parte de la noche. Lo último que necesitaba era una foto suya en alguna revista de chimentos, su primo tendría su cabeza si ensuciaba su imagen de chico bueno. Siendo el primo de Nee y uno de sus mejores amigos, por alguna razón los periodistas pensaban que su culo debía ser fotografiado de vez en vez y públicado para que las fans de la banda supiesen que seguía allí.

La última nota que le que habían dedicado, recitaba "Dylan Hemmings concentrado en sus estudios universitarios. Entérate de que lo que este chico ha estado haciendo para ser un buen ejemplo". Por supuesto, abajo de eso, había una obscena cantidad de fotografías suyas tomadas en distintos sectores de la universidad a la que asistía. Por suerte se había percatado del periodista siguiendo sus pasos y se había comportado como el niño bueno que sus padres creían que era.

Nilo lo había llamado en cuanto las fotos fueron publicadas y le había dicho, con bastante rudeza y sin vueltas, que mantuviese esa buena imagen de chico listo tanto como le fuese posible. Podía comprender porque la mala fama de un familiar podía facilmente manchar la imagen del chico, por lo que no lo culpaba por proteger su carrera y había estado haciendo todo lo posible por mantenerse fuera de problemas.

Hasta la noche anterior.

¿En que había estado pensando? Jesús, ni siquiera podía recordar mucho luego de la tercer bebida. A decir verdad, ni siquiera tenía idea de que había en esos pequeños vasos de colores brillantes. Uno de sus amigos había empujado el primero en su mano y se había encogido de hombros al respecto, bajandolo en un par de tragos. El segundo había sido idea suya y lo había bebido a sorbos, pensando que eso ayudaría a que no le hiciera efecto. El tercero, solo Dios sabe de donde provino y solo recordaba el liquido bajando por su lengua. El cuarto, era solo un recuerdo lejano.

Una parte de mi |Blue| Read this story for FREE!