CAPITULO: 23

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GAIL

Una vez ingreso a la universidad, me dirijo a mi facultad, no sin antes pasar por mi casillero y buscar mis cuadernos, hasta que finalmente ingreso a las aulas correspondiente donde veré clases, o mejor dicho presentare los exámenes, esta era la última semana de clases y comenzaran las vacaciones de verano. Ahora mi dilema y preocupación era saber si iba pode seguir el siguiente año, el cual era el último y así culminar mi carrera de fotografía, solo me quedaba esperar si lograba ganar la competencias en el «Relity Show» junto con Mika y así también terminar con esa mentira de una vez por todas. Solo restan dos meses. Los minutos transcurrieron y por fin termino mi día de clases, presentando los exámenes de hoy e incluso los que no pude presentar el día anterior.

Finalmente salí de la universidad, tome el autobús y regrese a mi casa, minutos después ya estaba adentrándome en ella hasta ir directamente la cocina, y no divise a Mika por ningún lado, quizás estaba en la habitación, voy al refrigerador y me sirvo un poco de agua en un vaso, regreso a la sala para sentarme en el sofá en el cual ya se encontraba Mika sentado, al notar mi presencia se giro un poco para saludarme, pero en ese instante había quedado como sorda, en una especie de shock a tal punto que el vaso de plástico resbaló de mi mano estrellándose al suelo y de un salto llegue a donde Mika incorporándome en el sofá.

—¡Dios mío! ¿Qué te ha pasado?— grite angustiada tomando su rostro el cual tenía varios golpes, para ser exactos en el ojo derecho, en su nariz y labio inferior a lo que hace una mueca de dolor.

—Tranquila.— pide en susurro. —No me a pasado nada.— agrega.

—¿Cómo qué nada?— repliqué en voz alta. —Estas todo golpeado y ni se te ocurra decir que te caíste por las escaleras. Porque no lo creo.— agrego.

MIKA

—Eh... Solo intentaron robarme, es todo.— miento a lo que ella me fulmina con la mirada. La mayoría de las veces sabe cuando miento. Pero no vale la pena decirle que fue con David con quien tuve una discusión. —Es en serio. Fue cuando iba al departamento.— agregó tratando de ser lo más convincente posible y noto que esta dudando.

—¿Qué fuiste a ser al departamento?— pregunta curiosa observando mi rostro como si lo estuviera examinando.

—A buscar algo que necesi... ¡Ah!— me quejo antes de concluir la frase debido a que ella me había tocado la herida que tenía en la ceja derecha. —¿Qué vas hacer?— inquieto cuando observo que se inclina hasta la pequeña mesa que esta frente al sofá y toma el botiquín de primero auxilio, el cual yo había buscado para curarme las herida, pero aun no lo había hecho.

—Lo que te imaginas.— responde sacando un poco de alcohol y de algodón del botiquín.

¿Lo qué me imaginó? Lo que me imagino es que me b...

—¿Qué sucede?— inquiere sacándome de mis pensamiento y yo solo me limito a negar apartando la vista de sus ojos café.

Michael concéntrate, si no quieres terminar muerto.

—Tengo que limpiarte las heridas para que no se te infecten.— informa.

—¿Ahora eres enfermera?— pregunto en broma.

—Muy chistoso.— replica sacándome la lengua. —Recuerda que Hannah estudia enfermería y me a enseñado varias cosas, cuando me usa como conejillo de indias, practicando al aplicarme sus inyecciones.— declara soltando una pequeña carcajada a lo que también me hace reír. Esto es una de las cosas que más me gusta de ella, que podemos reír por cualquier cosa, desde que nos conocemos jamás hemos discutido. —Pero esto no es nada del otro mundo, solo es curar una pequeñas heridas.— agrega. Finalmente tomo un trozo de algodón, lo unto con alcohol y se aproximo a curarme las heridas, empezando por la pequeña abertura que tenía en mi ceja, por lo que omito una mueca de dolor y ardor a causa del alcohol.

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika ©¡Lee esta historia GRATIS!