Capítulo 44 | Palabras cálidas

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Miré hacia la puerta y alcé mis manos con intención de hacer algo, lo que fuera, que me indicara que lo que dijo Noah no era verdad

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Miré hacia la puerta y alcé mis manos con intención de hacer algo, lo que fuera, que me indicara que lo que dijo Noah no era verdad. O al menos en parte.

Pero no ocurrió nada. Una ligera molestia apareció en mi cabeza. Di varios pasos hacia atrás hasta apoyarme en la pared. Con lentitud me dejé resbalar hasta sentarme en el suelo, con una rodilla arqueada y otra extendida. Cerré mis ojos intentando regular mi respiración.

—¿Reese?

Ignoré la voz de Noah, derrumbándome al instante. Las lágrimas no tardaron en aparecer seguidas de un sollozo de mi parte.

—Eh, eh, eh—Noah dijo con suavidad acercándose a mí—, tranquila. Esto va a pasar, ¿De acuerdo?

—No lo sé, Noah—jadeé parpadeando mientras sentía sus ojos sobre mí.

—El que nuestros poderes no funcionen aquí, no quiere decir que seamos más vulnerables. Sabemos pelear, ¿Lo recuerdas? Los entrenamientos de Derek y April tienen que dar sus frutos al fin—sonrió y noté un brillo de diversión en sus ojos—. Va a ser nuestro primer examen oficial.

Dejé de llorar, aún sintiendo como una fría lágrima se deslizaba por mi mejilla. Esbocé una sonrisa con debilidad y desvié mi mirada hacia mis manos.

—Aún así, no sé qué hacer ahora. Estamos atrapados, y unos seres insensibles y poderosos nos rodean. Han jugado con nosotros, y ahora irán a por el resto.

—No, no es verdad. No les permitiremos—contestó con firmeza y seguridad en su voz.

Después miró al frente apretando la mandíbula y cruzando sus piernas.

—No voy a negar lo mal que me siento al...casi matarte. Pero, eso es parte de lo que saben hacer. Al igual que ellos, nosotros no hemos mostrado todo lo que sabemos hacer—comentó bajando el tono de voz—, todo nuestro verdadero potencial.

Tragué saliva, y le miré.

—No fue tu culpa—hablé sorbiendo por la nariz.

—Lo sé. Pero...—paró un momento mirando a la nada, y después se giró encarándome sonriente—. Lo que me dijiste...¿Era verdad, Reese?

Alcé una ceja sin comprender.

—¿El qué?

—Lo de que me querías.

Cerré mis labios sintiendo un vuelco en mi corazón. El calor subió a mis mejillas, y me puse nerviosa sin poder evitarlo.

Cierto, yo le había dicho eso. Y tampoco mentía. Con el tiempo, nuestra amistad pasó a otro punto. Al menos para mí. Todo en Noah me encantaba. Su mirada, su sonrisa, sus ojos claros, su inteligencia, su sarcasmo, su manera de hacer sentir mejor al otro...

Era una gran persona. Y un gran amigo.

Por eso, me había enamorado de él. Porque no solo era su atractivo, sino su personalidad deslumbrante. Eso de no querer seguir viviendo mal, de luchar por sus metas, de cumplir sus palabras, y de burlarse de las normas. Noah tenía un toque especial en su persona, y era que aún con todo lo que le había ocurrido, jamás se dio por vencido. Y sí, se había derrumbado muchas veces, pero se había vuelto a levantar.

INEFABLE ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora