CAPITULO: 22

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GAIL

—Eh... Buenos días.— entono en cuanto entro a la cocina y diviso a Mika sentado en la silla de la isla leyendo un periódico, mientras camino hasta el refrigerador para servirme un poco de jugo de manzana.

Después de lo que sucedió ayer no lo había visto.

—Buenos días.— musita aun manteniendo la vista en el periódico y yo sigo bebiendo mi jugo.

Esto se siente incomodo.

—¿Ya te sientes mejor?— pregunta ahora dirigiendo su vista hacía mí por lo que yo solo asiento en afirmación.

—¿Dónde... Dónde dormiste?— inquiero saber.

—En el sillón. No quería incomodarte.— responde apenado.

Que extraño. Seguro estaba tan dormida que no me di cuenta.

—Yo de nuevo quería disculparme por lo que sucedió y...

—No te sigas sintiendo culpable, a fin de cuentas yo también tuve que ver en lo que sucedió.— lo interrumpo admitiendo parte de la culpa y bajo la mirada al suelo.

No tenía que haberle correspondido. Ni siquiera sé que me paso. Yo nunca he visto a Michael de otra manera que no sea como un amigo.

—Creo que lo mejor es olvidar eso.— agrego en susurro.

Es lo mejor por nuestra amistad.

MIKA

—Si.— me limito a responder en un suspiro.

¿Olvidar?

No creo que lo pueda olvidarlo nunca. Lo que siento es más fuerte que yo, nunca había sentido eso por nadie más.

—Bueno... Yo me iré a trabajar.— manifiesta al mismo tiempo que sale de la cocina y se dirige hasta la sala, toma sus pertenecías mientras yo sigo sus pasos, hasta acompañarla a la puerta. —Nos vemos ahora Mika.— agrega a la vez que se sale de la casa.

—Hasta luego Gail.— siseo y me quedo en el umbral de la puerta de brazos cruzados observándola mientras se aleja rumbo a su trabajo y mi mente divagaba entre recuerdos vividos.

Como el día en que nos conocimos en la universidad. El primer cumpleaños de ambos que compartimos juntos, porque por más increíble que parezca era mismo día, solo con dos años de diferencia. Cuando estuvimos apoyándonos en los momentos más difíciles, así como en los momentos alegres. Las veces que viajo conmigo a Los Ángeles para visitar a mi madre. El día de mi graduación. Tantas cosas en solo tres años y todo era como si nos conociéramos desde siempre. Sabía por todo lo que ha pasado. Sabía su historia con Ihan y lo que sufrió cuando él se marchó rompiendo su corazón junto con sus ilusiones. Del engaño de Christopher quien solo jugo con ella, al mismo tiempo que lo hacia con su amiga Hannah y del imbécil de David quien se ha empeñado en regresar, quien la había ilusionado con mentiras mientras estaba por casarse con otra y ahora este sentimiento que había crecido en mí, que había cambiado de querer ser además de su mejor amigo, un hermano protector que la defendiera de cualquiera que quisiera hacerle daño. Ahora quería ser el hombre que le demostrara que todos no somos iguales, que puede volver a creer en el amor, ilusionarse y enamorarse una vez más.

¿Pero cómo decirle ahora que la quiero más que un amigo sin temor a que me rechacé? Después de lo que sucedió ayer, creo que mejor es esperar un poco y darle tiempo.

Pero tengo que hacer algo. Solo qué no se que hacer.

Finalmente me adentro de nuevo en la casa cerrando la puerta a mi espalda y subo corriendo las escaleras hasta la habitación, diviso mi celular en la mesa de noche y lo tomo mientras me tiendo boca arriba en la cama a la vez que comienzo a revisar algunas notificaciones: Correo Electrónico. Facebook. WhatsApp. Hasta que voy hasta la cuenta de Instagram que nos sugirió crear el reality show, donde se encuentran varías fotos de Gail y yo. Tenía un sin fin de notificaciones que omitir leer, solo me dirigí hasta el perfil y comencé a ver las fotografías que habíamos publicado de nuevo, habían unas actuales y otras de hace mucho tiempo, hasta que me vista se topo con una donde solo se mostraban las manos entrelazadas con los anillos de plástico rojo, a lo que una idea se hizo presente en mi mente.

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika ©¡Lee esta historia GRATIS!