Empieza mi viaje

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No estaba segura de a donde debería ir, qué ciudad era la adecuada para mí. No me gustaba el calor, ni me gustaba demasiado el gentío.

Con la maleta hecha en la puerta de mi habitación, me dirigí al mapa de España que tantas veces había estudiado. Decidí que el destino o el azar, elegirían el lugar en el que empezaría mi nueva vida.

Saqué del cajón del escritorio mi bolsa de dardos. Tenían puestas las plumas de calavera. Retrocedí unos pasos y cerré los ojos. Lancé el dardo y al escuchar el sonido de impacto en el corcho abrí los ojos.

Me acerqué al mapa. La punta se había clavado en Madrid.
¡Madrid! Menos mal que no me gustaban las aglomeraciones e iba a la capital donde me estresaría solo para cruzar una calle.

Suspiré. ¿Dónde me estaba metiendo? Tal vez tenía que pensar mejor las cosas, buscar un trabajo de manera online o algo.

Por una vez, no me detuve ante mis miedos. Cogí la maleta, dejé una carta en la mesita del salón y salí de casa rumbo a la estación de autobuses a por billete a la capital.

Metí mi maleta aguamarina con un peluche de conejo en una de las anillas con el resto de maletas de los viajeros. Me senté atrás de todo y me puse los cascos con la música de todas las openings de animes que había escuchado a lo largo de mi vida.

Las calles daban paso a otras, las carretera se llenaba de coches, motos y otros autobuses que iban hacia algún lado. Las montañas, el color verde y pequeñas casas se despedían de mí.

Los viajeros me miraban de reojo. Estaba sentada atrás de todo, con la capucha de la chaqueta tapándome media cara, los cables blancos de los cascos se unían a mi móvil con una carcasa de calavera ardiendo. Seguro que pensaban que había robado algo y me estaba escapando.

La cobertura se iba y venía según los núcleos de población que encontrábamos. Los túneles siempre me habían gustado y pasar por varios me hacía pensar que estaba pasando por un portal hacia otro lugar. Tal vez, debería dejar de leer tantos libros llenos de fantasía.

Después de casi seis horas de viaje, lo único que me preocupaba era donde iba a dormir y sobre todo, de qué iba a trabajar para costearme la vida en la capital. No tenía demasiado ahorrado.

Busqué en la aplicación de reservas de hoteles uno económico y cerca de la estación de autobuses para, en caso de salir mal está incursión, volver a casa.

Había miles de aplicaciones destinadas a ayudar a encontrar empleo y me apunté en varias de ellas esperando a que en alguna me diesen la oportunidad de trabajar, aunque también tenía intención de pasearme las calles con mi currículum en la mano.

¿Hacía dónde iría esta nueva historia? ¿De que trabajaría? ¿Encontraría mi lugar aquí?

Tu debilidad es mi placer¡Lee esta historia GRATIS!