XV

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—Estás mal, estás muuuuuy mal. —sonreí por el tono de voz que empleaba Liam, podía imaginármelo frunciendo el ceño y colocando su brazo libre en su cadera.

Rodé sobre la cama quedando boca arriba.

—Lo sé, lo sé. —aseguré sin perder la sonrisa— Pero es que fue tan...—no terminé la frase y me limité a soltar un suspiro.

—¡Suspiraste!— chilló Leeyum indignando— Se supone que tenías que olvidar a Zayn, no parecer más enamorado de él.

No parecía, lo estaba.

En realidad es difícil contener los sentimientos por tanto tiempo si pasaba casi todo el día junto a él, estaba mal, lo sabía, Liam tenía razón pero en estos momentos me sentía tan bien (a pesar de que no había pasado nada en concreto) que le resté importancia a aquello.

—Me decepcionas, Nini, no pensé que reaccionarías así solo porque se te acercó demasiado. —continuó él, mi sonrisa despareció y ladeé la boca.

No me gustaba la palabra "decepción", menos si salía de la boca de mi mejor amigo.

—Lo siento, pero es que...— traté de excusarme pero el me interrumpió.

—¿Ya te explicó qué sucedió con Shawn?— negué con la cabeza como si pudiera verme, era cierto, yo seguía siendo un idiota. Liam siguió hablando ante mi silencio—¿Lo ves? No puedes confiar en él.

Otro punto a favor. Ni siquiera estaba seguro de si iba besarme ¿Y si todo era producto de mi imaginación? Tal vez él quería decirme otra cosa y yo estaba aquí sonriendo como imbécil pensando que tenía una esperanza.

—Vale, tienes razón, soy un idiota. —cerré los ojos, estando seguro de que en estos momentos Liam debía estar sonriendo con autosuficiencia.

—Solo un poco. —dijo él entre risitas, solté una pequeña carcajada (totalmente fingida) pues sabía que él se preocupaba demasiado cuando me escuchaba decaído.—No te sientas mal, Nini. —dijo suavemente — Pronto nos veremos y podremos hablar todo lo que queramos.

Sonreí porque podíamos hacer lo mismo a través de llamadas telefónicas pero me pareció tierno el hecho de Leeyum prefería hacerlo personalmente.

—Sobre eso... —me incorporé quedando sentado— No puedes venir. —espeté.

Él bufó.

Realmente ansiaba ver a Liam pero no podía dejar que se involucrara en problemas que no eran suyos, no quería que descuidara la escuela por preocuparse por mí y mi estúpida vida amorosa.

—Sí puedo. —dijo con firmeza— bueno, eso fue lo que dijo mamá. —negué con la cabeza y las comisuras de mis labios se curvaron hacia arriba cuando imaginé su sonrisa pequeña.

—Podrías venir más adelante...—traté de persuadirlo con una voz extremadamente melosa.

Liam era la clase de persona que enfrentaba las cosas, no le gustaba evadir los problemas y prefería solucionarlos al instante, esa era una de las cualidades que admiraba de él porque yo, sinceramente, era un manojo de nervios la mayor parte del tiempo.

Sin embargo Leeyum no siempre fue así, o bueno, por lo menos hubo una ocasión en la que hizo una excepción. Y sí, me refiero al incidente de hace dos años, en ese entonces creía que el pequeño Leeyum me obligaría a hablar con Shawn y solucionar nuestros problemas, por el contrario, él solo se limitó a escuchar todo lo que yo tenía que decir y a convencer a sus padres de regresar a Bradford, al igual que yo; todo fue muy rápido y demasiado fácil, como si por lo menos se nos hubiera dado el consuelo que merecíamos por haber perdido a un amigo tan querido y, en caso, un primer amor, también.

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