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Los siguientes tres días evadí exitosamente a Zayn, no quería ni verlo porque cada vez que lo hacía me deprimía, recordaba el pasado y sentía como si este quisiera absorberme hasta matarme y ya había pasado por eso antes, no quería cometer el mismo error, no cuando me había dejado tan dañado.

Las clases en la universidad ya habían empezado y, aunque no había conocido a alguien aun, me sentía bastante conforme con mi desenvolvimiento frente a otras personas.

Ahora me encontraba en la biblioteca, leyendo uno de esos libros de moda mientras comía perezosamente una manzana, al parecer el resto de estudiantes aun se encontraban emocionados por el inicio de clases y les parecía más correcto disfrutar de la compañía de otros jóvenes realizando diversas actividades que, francamente, no me interesaban. La biblioteca estaba vacía, solo para mí, lo que me permitía reír a gusto cada vez que leía algo tonto o gracioso en el libro.

—No sabía que te gustaba ese tipo de lectura.

Apreté los puños y maldije mentalmente cuando escuche su ronca voz.

¿Por qué tenía que encontrármelo justo aquí, cuando estaba solo?

De pronto el ambiente se tornó muy pesado y se me dificultaba respirar, la sola presencia de Zayn me afectaba demasiado.

—Eh... Sí. —contesté sin despegar los ojos del libro, con la intención de que pierda el interés en lo que me encontraba haciendo y se fuera.

Ciertamente, no me agradaba ese tipo de lectura pero me llamó la atención en cuanto vi la cantidad de ejemplares que había vendido.

Pasó un tiempo, con un Zayn de pie, a mi lado, y yo apretando cada página que pasaba del libro, hasta que se decidió a hablar:

—¿Puedo sentarme a tu lado?

Lo miré procurando no mostrar emociones y luego regresé mi vista al libro, de pronto todas las palabras ahí escritas perdieron sentido, porque en mi cabeza solo estaba Zayn.

Al parecer él tomó mi silencio como un «sí» porque a los segundos estuvo sentado a mi lado, rebuscando algo en su morral mientras mordía su labio inferior con verdadera concentración.

Lo miré un par de veces por el rabillo del ojo, suspirando por lo adorable que se veía buscando algo con tanto ahínco y dirigí mi vista con nerviosismo al libro cuando vi sus cejas alzándose y una sonrisita surcando su rostro.

Traté de concentrarme en mi lectura, hasta que vi una bebida en mi campo de visión, la ignoré pensando que no tenía nada que ver conmigo y haría el ridículo si le preguntase por qué la había dejado ahí, entonces la movió un poco para que quedara mucho más cerca de mí.

—Esto...

Me interrumpió: —Es jugo de manzana.

Posé mis ojos en su rostro, pero rápidamente desvié la vista cuando su sonrisa se ensanchó sutilmente.

—Estabas comiendo una manzana hace un rato ¿Verdad?— continuó— Compré eso para Nick —movió la cabeza en dirección a la lata verde que yacía en el mismo lugar donde la había dejado originalmente — pero como no lo encontré... — y lo miré nuevamente, encogiendo los hombros con desenfado.

—Gracias. —me limité a decir.

Sin embargo dentro de mí la situación era totalmente diferente, estaba seguro que en cualquier momento explotaría de la emoción. Y me sentí estúpido, muy estúpido.

Pasaron varios minutos en los que el único ruido que pude escuchar era el de Zayn tarareando muy bajito una canción, si mal no recuerdo, la misma que busqué aquella vez durante cinco horas sin éxito; quise preguntarle cómo se llamaba pero no estaba seguro si tendría el valor suficiente como para hablar del pasado con él, yo solo debía dejar todo atrás pero todo se estaba tornando tan difícil que no sabía si lo lograría.

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