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Sus dos compañeros llegaron derrotados a clase sin dejarle la oportunidad de ni siquiera preguntar que pasaba, ya que ambos cayeron muertos sobre su asiento nada más rozarlo. La chica usó su mochila como almohada mientras que Shinsou se limitó a cruzarse de brazos y echar la cabeza hacia detrás. Tenían una pinta horrible, peor de la que él solía traer con sus ojeras bien marcadas.

Había sido una noche larga, muy larga. Jirou estaba completamente fuera de sus raíles y había conseguido preocupar tanto a su amigo que ambos no habían pegado ojo en toda la noche. Para añadir ya más a la mezcla, antes de ir a clase, tuvieron que volver a la casa de ella y entrar del modo más sigiloso posible para evitar despertar a las cuatro personas de la casa, coger algo de ropa y su mochila; y salir de ahí sin olvidar sus llaves y dejar las de Kirishima en el recibidor, las cuales él había dejado la noche anterior bajo el felpudo por si acaso ella volvía. Jirou no dudaba que su compañero iba a hacer aquel gesto, por eso le dijo a Shinsou de volver a aquella casa de locos.

El de cabellos bicolores no quiso despertarles hasta que las clases acabaron, preocupándose en varios momentos por si a ambos les hubiera pasado algo grave y no volvieran a moverse del sitio. Intentó buscar optativas para salir de su sitio sin moverles lo más mínimo, pero estaba entre ambos con ninguna posibilidad de salir de ahí, así que decidió nombrarles varias veces en voz alta, como si eso fuera lo suficiente para que levantaran la cabeza.

Después de dos grandes minutos de agonía para aquel chico, comenzó a hundir sus dedos en el hombro de ella. Seguía diciendo su nombre al compás de cada suave golpe en un intento de que despertara, pero aquellos movimientos tan sutiles no era lo indicado.

Así que se limitó a llamar a su teléfono sabiendo que no estaba en silencio por los numerosos pitidos que había escuchado durante esas horas de clase, siendo la clave para que Jirou se despertara de un brinco y buscara por todos los lados su preciado objeto, imaginándose que aún seguía en clase y que estaría interrumpiendo todo.

—L-Lo siento, profesor. —masculló con una voz pesada al sacarlo y colgar, apoyándolo sobre la mesa y cubriéndolo con una mano como si así desapareciera.

Movió la cabeza para intentar quitar así los mechones de pelo que no le dejaban ver hasta darse cuenta de que no había nadie en la clase, solo ellos tres.

—Ya han acabado las clases. —Informó él colgando.

— ¿Nos hemos quedado dormidos todo el rato? —Él asintió.

La chica reprimió un bostezo, intentando no avergonzarse del espectáculo que seguro habían dado. Con solo pensar en esas horas tumbada sobre la mesa le llevaba a plantearse el no volver por allí en siglos.

— ¿Comemos?

Ella asintió, inclinándose para zarandear a Shinsou. Este murmuró algo antes de abrir los ojos y quitar la mano de ella de encima suyo.

— ¿Qué hora es? —dijo con voz ronca, abriendo solo un ojo.

—La hora de comer. —Repitió Todoroki viéndose aún atrapado por ambos.

— ¿Comemos juntos? —sugirió el de cabellos morados.

—Con tal de no volver a casa —murmuró ella desbloqueando el móvil.

— ¿Vamos al centro comercial de aquí al lado?

—He quedado allí con una amiga —comentó el de cabellos bicolores.

— ¿Molestamos? —Shinsou se puso de pie mientras Jirou seguía mirando el móvil, entrando en su maravilloso chat.

—Quería presentarosla, así qu-

Conectados; KamijirouDonde viven las historias. Descúbrelo ahora