Capítulo 17.1-El viaje a Francia

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En la foto: París en 1844

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-¡Vamos Joanne!¡Anímese! Mire que vista tan maravillosa ,¡Parece que el agua no tiene fin!- exclamó radiante Karen mientras se sujetaba al guardamancebos con fuerza y determinación admirando la belleza del océano atlántico. 

-Lo siento señora, no consigo acostumbrarme...- confesó la señorita Ledisim tragando saliva con fuerza y sentándose en una de las banquetas dispuestas para las damas y caballeros de primera clase así como para sus acompañantes. 

-Mi señora, su camarote está listo, ¿quiere que mande a traer su desayuno? -quiso saber el señor Theodor tras cerciorarse de que el camarote poseía todo cuanto Lady Cavendish podía necesitar. 

-¡Oh Lawrence! Mande a traer un buen guiso de ternera y una botella de champán,¡esto hay que celebrarlo! - repuso repleta de alegría Karen provocando que su doncella se llevara la mano sobre los los labios con sólo de pensar en comer tal aparatosa comida y causando una leve sonrisa en su lacayo que admiraba la fortaleza de la joven. 

Afortunadamente, Karen había podido comprar el pasaje hacia Francia en uno de los navíos más preparados y actuales en el que sólo personas de alta sociedad podían embarcarse, ya fueran ricos mercaderes o nobles de baja o media alcurnia . Decidida a no derrochar el dinero y, conforme con la seguridad que el buque le prestaba, había alquilado un camarote a media altura quedando en medio de ricos comerciantes y bajo las pisadas de los nobles que daban en el piso superior. Además, ya no se trataba de una cuestión solamente económica, el estar apartada de la nobleza  ( aunque ésta fuera de baja casta) la prevenía de ser reconocida o de preguntas indiscretas .

-¡Karen!- escuchó de pronto tras de sí mas no se sobresaltó al reconocer a la propietaria de esa voz de soprano.

-¡Diana!- se giró ésta corriendo a abrazar a Lady Towson- ¿qué haces aquí?- interrogó  Lady Cavendish cuando el abrazo llegó a su fin. 

-Puede considerarse normal que la hija de uno de los propietarios de las navieras más prósperas del país, esté comprobando que la nueva adquisición de su padre funciona correctamente mientras él está en la cabina de mandos...lo que no puede considerarse normal, es que la hermana de la duquesa de Somerset esté viajando en un camarote para comerciantes con la única compañía de una dama...

-Por favor, no me juzgues- pidió Karen cambiando su expresión y entrando a su camarote mientras invitaba a Lady Towson a seguirla para poder hablar más tranquilamente. 

-No lo hago, pero entiéndeme...no te había visto des de que cruzaste ese puente en el bosque de los Pembroke junto al conde de Derby...tan sólo he sabido de ti que te ibas a casar con Lord Stanley tras un escándalo y aún estoy esperando la invitación...supongo que no soy digna de asistir a un enlace entre nobles - explicó indignada y ofendida su buena amiga que había estado esperando con ansias una invitación que nunca llegaba y que había terminando atribuyendo la ausencia de ella a su condición. 

-Oh no, no...- se apresuró a aclarar Lady Cavendish mientras apretaba los hombros de su amiga con determinación- pensé que te habrías enterado, supongo que la noticia aún no ha llegado más allá ...al final no habrá boda. Me escapé.

-¿Cómo?- exclamó Diana abriendo su boca como un gracioso pez y sus ojos como si estos quisieran saltar hacía fuera.

-Es una historia larga que contar... 

-Diría que tenemos tiempo...- convino Lady Towson dejándose caer sobre un sillón acolchado mientras esperaba pacientemente que Lady Cavendish le contara todo lo sucedido, la cual hizo lo propio sobre la cama para sentirse cómoda para afrontar las horas de conversación que se avecinaban. 

*****

-Lady Cavendish- nombró el señor Theodor tras unos toques estudiados en la puertecilla de la cabina - estamos a punto de llegar al puerto de Caen. 

-Está bien Lawrence ahora salgo- repuso Karen vibrando de saber que por fin había conseguido su sueño...¡estaba en Francia!

-Me ha pasado muy rápido el tiempo...y siento que me han faltado cosas por contarnos-cogió Diana la manos de Karen captando su atención de nuevo - no dejo de admirar la generosidad de Lord Stanley al darte el dinero para cumplir tus propósitos pero temo que cuando lo hayas echo te arrepientas de haberlo dejado atrás.No tengo dudas de que te ama, pero en su posición es necesario que se case y si has roto el compromiso de esta forma...¿habrá forma de repararlo? 

-No puedo pensar en esto ahora Diana, debo concentrarme en lo que he venido a hacer aquí. Sé que es muy novedoso que una joven deje a su prometido, por no decir casi imposible, pero ya no hay marcha atrás ni quiero ir hacía atrás. 

-Está bien-aceptó Diana alzándose del sillón y re-colocando la tela de su vestido-¿a dónde irás ahora? Nosotros volvemos a Portland. 

-Alquilaré un carruaje hasta París, allí buscaré a mi hermana Alice.

-¿Tienes una hermana que se llama Alice y vive en Francia? Pensé que sólo eráis cinco. 

-Es otra historia digna de contar en otro viaje.

Las calles de Caen estaban adoquinadas con piedras abruptas y el puerto lleno de vendedores ambulantes y mujeres de vida fácil mas Karen no se amilanó, sabía que los pueblos portuarios estaban llenos de viajeros y maleantes. 

-Rápido Lawrence encuentra un carruaje que nos lleve a París- ordenó la joven mientras se quedaba en una esquina junto a su doncella tratando de no mirar a nadie y así no llamar la atención. Había tenido la precaución de vestirse con las ropas más sencillas y eso la estaba ayudando. 

El señor Theodor no tardó en aparecer con un carruaje bastante acorde al rango de la dama que iba a llevar y subieron en él inmediatamente tras dar unas monedas a dos niños limosneros. 

 El camino hasta París fue agotador, más de doce horas estuvieron sentados sin contar algunas paradas estrictamente necesarias que hicieron en los lugares más decentes que podían encontrar, sin embargo, eso no fue suficiente para menguar la curiosidad de Karen de mirar por la ventanilla mientras la señorita Ledisim dormía profundamente. 

El clima era diferente, más cálido y seco favoreciendo el crecimiento de flores y todo tipo de vegetación ; el sol permanecía exuberante y no había rastro de un cielo gris como el que acostumbraba a haber en Inglaterra. Las mujeres que se había ido encontrado vestían tejidos más ligeros y de colores más vivos así como algunas llevaban adornos florales en el pelo. 

París estaba repleta de altos edificios y catedrales católicas; la ciudad era bañada por el río Sena alrededor del cual se aglomeraba la población en plazoletas o modernas cafeterías que eran el núcleo de grandes artistas de todas las especialidades. El ambiente general proliferaba liberalismo y progresión aunque se notaba la decadencia del rey actual por las constantes manifestaciones de pequeños grupos republicanos en algunas calles.  




Ojos del anochecer ( III Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!