—Déjala Nathaly, ¿no ves que está cansada? –Andre estaba recostada contra la ventana con su capucha de atletismo puesta. Mis dos mejores amigas, una tan opuesta a la otra, pero increíbles sin lugar a duda.

Luego de un rato ya habíamos llegado a la universidad. Todos nos apresuramos en bajar, y como siempre mis compañeros seguían tan efusivos que salieron corriendo al departamento de atletismo, yo me les uní, no era que quedaba tan lejos. Al entrar al departamento, todos nos sentamos en silencio mientras que el profesor y la entrenadora se ponían delante de nosotros con una expresión de seriedad, y en cuestión de segundos, el profesor, la entrenadora y todos nosotros, dimos un gran grito de victoria.

—¿Quiénes son los mejores de atletismo?

—¡Nosotros! ¡Sí!

—Un... Dos... Tres... ¡¿Quiénes?!

—¡Nosotros somos los mejores!

Cómo amaba esto, siempre sucedía, era como una costumbre familiar si se puede decir así, al llegar de una gran victoria todos festejábamos y gritábamos juntos para luego ir a celebrarlo.

—Te felicito Alexa, sé que trabajaste mucho y te esforzaste para conseguir esto. Para conseguirle al equipo de atletismo una medalla más. ¡Tres hurras para Alex! –mi querido y fiel profesor, estaba de tan pequeña con él, que al ofrecerme entrar al equipo de atletismo de la UCLA Bruins de la Universidad de California, no lo pensé dos veces.

—¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra! –todos gritaban en unísono y se sentía especial que lo hicieran para mí. No podía dejar de sonreír, esto era lo que amaba, el atletismo y la familia que me había acogido en esta universidad.

Luego de un rato de festejar dentro del departamento como de costumbre, Andre y Nathaly me agarraron de la mano y me sacaron casi que arrastras.

—Vamos a comer chicas. –decía Nathaly quien con una gran sonrisa nos había agarrado de los brazos a Andre y a mí.

—¿En serio, a esta hora? ¿No están cansadas?. —eran cerca de las 7 p.m. y en esta Universidad es una regla estar antes de las 8 de la noche en su dormitorio o sino el castigo puede ser bastante grande, puedo certificarlo.

—Vamos Alex, tú más que nadie debería festejar hoy. ¡Vamos! Tu papá dijo que nos invitaría las pizzas, no podemos perder esa oportunidad. –tanto Nathaly como Andre me imploraban que fuéramos, y si soy sincera, ¡era obvio que quería festejar y comer! Venía de una gran victoria y lo único en que podía pensar era en comer tanto que mi estómago reventara, luego de la rigurosa dieta de entrenamiento, además, las mejores pizzas son las de mi papá. Comienzo a creer que puede ser contraproducente que el negocio de mi papá quede tan cerca de mi Universidad.

Las miré por un segundo mientras se me hacía una gran sonrisa en la cara. –¿Saben qué? ¡Vamos a celebrar! –todas corrimos a la salida de la universidad sin que nos vieran, no podíamos dejar la universidad a esta hora, pero nosotras siempre nos salimos con la nuestra y teníamos un plan de escape perfecto.

—Miren a quién tenemos aquí. Si es mi gran atleta. –papá tiene un gran y bondadoso corazón, yo en verdad lo amo y es mi razón por la que soy atleta. Él me abrazo tan fuerte como pudo y nos llevó rápido adentro. Como ya estaba oscureciendo el negocio de papá no estaba con tanta gente, lo cual era increíble ya que podríamos festejar como nunca.

—Bien... ¡Tres pizzas saliendo! –mientras que nosotras nos sentábamos en la mesa, mi tío se encargaba de traer las deliciosas pizzas. Oh Dios, son las mejores pizzas que alguien puede probar, Andre, Nathaly y yo estábamos tan embelesadas con las pizzas que traía mi tío que sin duda, alguna gota de saliva se nos corría por el mentón— Disfrútalo sobrina mía, te lo mereces.

Él en mi cuerpo y yo en el suyo. (ACTUALIZANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora