CAPITULO: 17

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MIKA

—Eh... Si. Yo... Yo voy a darme una ducha.— informa Gail en cuanto la ayudo a incorporarse de pie. Tenía toda la ropa sucia al igual que su cabello, debido al desastre que habíamos causado hace unos minutos.

—Pero primero deberías ayudarme a limpiar la cocina.— le digo y esta hace una mueca de negación, frunciendo el ceño. No quiere limpiar, pero si le encanta hacer desastre.—No pongas esa cara. Tú empezaste esto, mínimo me tienes que ayudar.— acote.

—Me quiero dar una ducha primero. Esto toda sucia.— rezonga.

—Primero limpiamos y luego nos damos una ducha.— declaró y ella pone los ojos en blanco.

Ahora mismo quiero golpearme contra la pared.

Debes pensar antes de hablar Mika. Eso no se escuchó bien.

—Eh... En baños separados claro está, la casa tiene dos baños, cada quien se va uno. Digo, no es con que...— me apresuro a corregir, y ella me interrumpe antes de que pueda concluir.

—Ya te entendí. No es como si hubiera pensado otra cosa.— chasquea y yo asiento.

Mejor no hables Mika.

Así en silencio comenzamos a ordenar y limpiar todo el desastre de la cocina. Mientras ella limpiaba el piso, yo limpie la encimera, los estantes, aparte de los utensilios de cocina. Luego de una hora por fin terminamos y cada quien se fue a darse una ducha. Por separado aclaro. Finalmente una vez que estuvimos listo, nos quedamos en la sala viendo televisor, mientras esperábamos la pizza.

—Hoy en la tarde estuve conversando con Adam.— comento captando la atención de Gail, quien estaba concentrada viendo un vídeo musical por HTv.

—¿Quién es Adam?— pregunta confundida y yo le advierto con la mira.

¿En serio? En que planeta vive ella.

—¡Ah! El esposo de Tríz.— sisea al recordar. —¿Y eso? Veo que se llevaron bien el domingo.— agrega.

—La verdad es que sí, me cae bien.— respondo.

Quizás lleguemos a ser amigos.

—Igual a mí Tríz.— murmura.

—Bien. Porque me llamo para invitarnos a cenar a su departamento el sábado.— informo.

—Me parece buena idea.— susurra y en ese instante suena el timbre de la casa, por lo cual me levanto a toda prisa del sofá y me dirijo hasta la entrada. Abro la puerta y diviso al repartidor de pizza el cual me hace entrega de la misma, le agradezco, cierro la puerta y vuelvo a la sala, donde esta la morena.

—Llego la pizza.— declaro colocando la pizza en la mesa frente el sofá.

—Por fin. Porque muero de hambre. Voy por el juego.— me avisa y se dirige a la cocina, mientras yo me quedo ahí en la sala, cuando me disponía abrir la caja, un fuerte grito capta mi atención por lo que me apresuró ir a la cocina, para saber que a sucedido.

—¿Qué pasa?— le pregunto a Gail en cuanto llego a la cocina. Estaba recostada de la encimera, su rostro estaba pálido y se veía asustada.

—Una rata. Una rata.— grita señalando a una esquina y en efecto estaba el animal grisáceo y peludo en una esquina. —¿¡Ah!?— grita de nuevo cuando la rata se movió y sin darme cuenta se colgó de mí de medio lado, enroscando sus piernas en mi cadera y sus brazos en mi cuello. —No. Me va a morder. Mátala. Mátala. No.— continuaba gritando a la vez que me apretaba, sentía que me faltaba el aire.

—Me estás asfixiando.— me quejo.

—¡Ah! Viene hacía nosotros.— chilla otra vez y la rata se movía en nuestra dirección. —¡Ay, no! No. Mátala. Mátala.— suplicaba en lloriqueo.

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika ©¡Lee esta historia GRATIS!