Capítulo 2

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Al principio fueron solo borrones de siluetas en movimiento, después se convirtió en una verdadera pelea, de esas que solían verse en la secundaria. Pero no de cuando dos chicos se peleaban por una chica. No. Esta era una de las que se formaban durante una clase de Educación Física luego de una falta cometida durante un partido de fútbol, junto con varias miradas discrepantes, y de la que cualquiera chica en su sano juicio quisiera estar fuera.

Pero ya había demostrado en varias ocasiones que mi sentido de la estupidez estaba muy por encima de mi juicio, ¿verdad?

Mientras veía cómo Damian esquivaba unos duros golpes, llevé a los niños a la habitación más cercana y les volví a pedir que se quedaran dentro hasta que regresara por ellos. Ninguno rechistó, pero Helana puso algo de resistencia hasta que logré convencerla de que buscaría a Drake y lo traería en una sola pieza. Luego de eso —que me tomó alrededor de unos cinco minutos— regresé al lugar donde se estaba llevando a cabo un combate de vida o muerte. Y decía eso, porque no creía que Damian lo dejara salir de allí con vida y estaba segura de que el Dother estaría de acuerdo en no permitir lo mismo.

Cuando hubo un instante en el que el Dother tuvo una pequeña ventaja y mandó a volar a Damian por los aires hasta hacerlo chocarse contra el muro detrás de él, aprovechó esos lánguidos momentos para hacer algo que no pensé que podría hacerse. Vi, aterrorizada, cómo lo que solía ser Dean Miller se convertía en algo antinatural y espantoso. Unos agujeros en cada extremo de su frente aparecieron y un segundo después algo empezó a salir de ellos. Cuernos se enroscaron y estiraron de manera gradual, los extremos casi rozando la parte trasera de su cráneo. Su suéter se rasgó y de su espalda brotaron una enormes alas oscuras y alicaídas que se extendieron y dieron la impresión de medir unos dos metros de largo, al final de cada una destellaba una especie de garra bastante filosa. Su piel cambió y se estiró de formas que pensaba imposibles en una persona.

Pero la cosa frente a mí ya no era una. La cosa frente a mí era la misma imagen que había visto un mes atrás cuando el coche de Drake quedó varado en medio del pueblo fantasma mientras él se hacía pasar por mí siendo perseguido por el Sr. Portman.

Esa cosa era la verdadera forma de un Dother, y lo único que podía pensar era en las palabras en inglés inscritas debajo de la imagen en una de las páginas del Terranova.

Espíritu Superior: no existe arma creada por ningún ser de luz ni de sombras que pueda vencerlo. Acaba con todo lo que esté a su paso.

Mi mirada fue desde el Dother a Damian, quien se encontraba a metros él, y mis temores acrecentaron en un tsunami que golpeó fuertemente mis sentidos y avivó mis más temibles pesadillas.

No podía permitir que Damian terminara así. No después de semanas sin saber de él, sin tener siquiera noticias sobre su estado. No podía que decir que lo hubiera recuperado, pero volver a verlo, aunque fuera en una mala situación, reavivaba cada partícula de mi ser. Y se sentía maravilloso. Era casi como regresar a la vida, cosa que pensé que me pasaba en compañía de Drake pero que claramente nunca había sido así. No totalmente.

Y fue esa esperanza de que las cosas en vez de complicarse pudieran mejorar, las que me llevaron a tomar una decisión no muy sensata, y de la cual Damian no estaría muy feliz. Nada feliz. Y teniendo en cuenta que había estado encerrado casi dos meses siendo flagelado, lo más probable era que se volviera loco y me matara por hacer lo que estaba a punto de hacer.

Eso si lograba salir con vida.

Tomé una respiración bastante profunda y sin detenerme a pensarlo dos veces comencé a avanzar hacia el Dother con pasos determinados. A medida que me acercaba a él sentía como si el tiempo se ralentizara y todo ocurriera en cámara lenta. Supongo que así debe sentirse cuando se está a punto de morir. No era definitivamente la mejor forma de hacerlo, ni siquiera una probable, pero se sentía correcto si lo hacía para salvar a alguien que quería.

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