La lluvia siempre

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Verano

Habíamos quedado en que te ibas por quince días. Yo trataba de pensar en otras cosas, dedicarme al trabajo, escapar de la realidad con un libro o dormir para buscarte en sueños. El sol de marzo hacía sus maletas pues se iba de vacaciones con vos. Organicé mis horarios y pegué tus fotos en la pared. Las nubes invadían y se instalaban en el cielo como una etnia de ovnis en migración.

Después del último beso volví a casa despacio y al llegar me acosté mirando el techo y tus fotos. Tenía que escapar de tu ausencia y me obligué a trabajar. Puse música y llegó un mensaje tuyo: “cambio de planes, ya no me voy, vení a buscarme...” No tardé ni dos minutos en salir corriendo al lugar en que te había dejado. Salí con una sonrisa idiota adornando mi cara. Esquivé autos y peatones y apuré el ritmo de los semáforos con mirada amenazante. Corrí, feliz. Y desde lejos te vi esperándome con el bolso en el piso y tu mirada en mi sonrisa que guiaba mis pasos hasta vos. Nos abrazamos. Nos besamos. Hacía frío y el cielo pasó de un gris dudoso a un negro tempestad.

-Vamos rápido a mi casa...- dije.

Llegamos cuando las primeras gotas empezaban a caer, gordas, frías, como presagio del aguacero inminente. Y entonces, la tormenta indomable, desató su furia sobre la ciudad. Dentro de mi cuarto, vos y yo.

Invierno

Llegué a casa y al leer tu nota recordé que hoy no vendrías. Caminé lentamente con un entusiasmo cansado y sin destinatario. Me desvestí como queriendo apurar el fin del día y fui a la cocina a buscar algo para cenar. No tengo hambre porque sé con quién y dónde estás. No puedo apartar de mi mente que estás con ella. Todo el día luché con el recuerdo de tus palabras avisándome que “en buen plan” tu “ex” te invitó a cenar. Es que la felicidad ajena es como una laguna perfecta y apacible: siempre alguien quiere arrojar piedras y hacer sapito para destruir la calma. Hoy el día lo vivo en singular sin besos ni taxis a última hora. Hoy confío porque no queda otra opción para mí. Pensé que escribiendo se me pasaría esta sensación de naufragio y la noche terminaría más rápido pero la soledad ataca con suposiciones y susurra malos consejos. Busco distraer mi atención mirando tv, lo que sea que me haga no pensar. El frío de enero acentúa tu ausencia, la noche propone lluvia y yo te extraño. Y entonces, la tormenta indomable, desató su furia sobre la ciudad, empapando todo, edificios y almas.

Mi cuerpo en sepiaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora