Capítulo 25

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Chase.

Nunca, en mis dieciocho años de vida, me había sentido tan… vacío.

La muerte de mis padres fue una etapa muy difícil para mí, pero esto que estoy viviendo revive todo el sentimiento que anteriormente sentía.

Saber que estás a punto de perder a dos personas importante para ti es… horrible. Y saber que no puedes hacer nada para evitarlo es aún peor.

Han pasado dos días desde que ocurrió todo y el sentimiento cada vez es peor. Saber que mi hermano ama a la misma chica que yo es… algo que no puedo describir con palabras.

El dolor es emocional. Duele.

Pero, sin embargo, tomé una decisión al respecto. Y sé que dolerá, pero es lo mejor, lo mejor para lo dos…

Con pasos lentos, me levanto de la cama y camino hacia el baño. Una vez que estoy ahí, me miro en el espejo y suspiro. Ojos hinchados y figura pálida. Esa es la triste imagen que veo.

Abro el grifo y dejo que el sonido del agua llene la estancia. Mojo mi cara y luego suspiro, suspiro porque sé que lo que va a pasar hoy me dejará más allá de lo acabado.

Sin perder el tiempo, seco mi cara y cierro el grifo. Camino hacia la salida y me coloco la camisa agua marina que descansa sobre uno de los muebles llenos de la pintura especia que tengo (debido al frío de mi habitación, tengo que usar una hechizadas para que no se dañen).

Mientras bajo por las escaleras, me coloco la camisa. Deben ser alrededor de las doce de el medio día. Hace días que no veo a mi hermano —desde lo ocurrido— y no puedo evitar preocuparme por él.

Stefan siempre ha sido una persona incapaz de pensar antes de actuar. Él se mueve en este mundo por impulso, es igual a el Yeti. Impulsivo y sin ningún tipo de sentido común.

— Hey, Wen — llamo cuando la veo. Mi voz se escucha extraña a mis oído.

Wendy me mira y parece sorprendida, y ¿como no estarlo? Me la he pasado encerrado en la habitación, tratando de despejar mi mente agotada y atiborrada —solo salgo para buscar alimentos cuando mi sentido animal me lo pide— .

— Chase… — habla, como si hubiera visto un fantasma.

— ¿Y mi hermano? — Pregunto, agarrando las llaves de mi coche las cuales están sobre la mesita que esta en medio de la sala.

— Yo… — duda unos segundos, pero termina encogiéndose de hombros —. No sé, no lo he visto últimamente.

Sé que miente.

— De acuerdo — no insisto más y me doy media vuelta para salir de la casa.

Sin tardar más de lo necesario, busco mi auto y me subo en él antes de ponerlo en marcha. Mientras más rápido termine con esto mejor.

Mientras conduzco por las calles transitadas de Hemsworth, repaso una y otra vez todo lo que tengo que decirle. Me repito una y mil veces que es lo mejor, sin embargo, eso no impide que un nudo enorme se forme en mi garganta al saber el lugar más cerca.

Con pesar, estaciono el auto y espero. ¿Qué? No sé… solo espero.

Tal vez espero el momento en el que me despierte y todo sea una pesadilla, una de las más horribles. Pero no, eso no pasa, lo que si pasa es el tiempo, y aún sigo aquí, sentado en el asiento de mi auto, sintiendo cómo el mundo cae a picadas a mi alrededor.

De pronto, el tiempo se detiene y mi pulso se acelera. Mi corazón golpea tan fuerte contra mi caja torácica que mi pecho duele, duele porque la veo, duele porque sé que todo esto acabará pronto.

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