—Buenos días Allison, tu padre está en una reunión. Dentro de unos minutos podrás hablar con él. Por favor, siéntate aquí de momento— me senté en las sillas de recepción.

—Gracias Larry.

Mientras esperaba me puse a revisar mis redes sociales. Últimamente las tenía bastante abandonadas. Al entrar en Twitter vi que Selena Gomez iba a dar un concierto no muy lejos de aquí. La verdad es que me gustaría mucho ir, pero las entradas son un poco caras. Al ver el precio descarté la idea de asistir al concierto enseguida por mucha ilusión que me hiciese.

—Ally, tu padre me ha dicho que ya puedes entrar en su despacho— asentí e hice lo que me dijo. La tormenta no iba a tardar en llegar.

Subí las escaleras para dirigirme a la zona donde se encontraban los despachos. Miré todas las placas de las puertas hasta encontrar la de mi padre: T. West. No sabía si llamar a la puerta o entrar sin más. Al final, me decido por entrar sin llamar.

El despacho de mi padre era bastante bonito. Tenía un gran ventanal que daba a la calle principal del pueblo, por el que entraba mucha luz. Desde allí se podía observar la plaza en la que todos los niños pequeños jugaban. También tenía un escritorio en medio de la habitación, este estaba lleno de papeles y vasos de café vacíos. Las paredes del despacho estaban decoradas con sus títulos universitarios, fotos con sus amigos abogados y cuadros de ciudades; como Nueva York o Londres. Además, en cada esquina tenía plantas. Siempre le ha apasionado la botánica. Mi padre, ahora mismo se encontraba sentado en su escritorio.

—Ally cariño, ¿a qué se debe tú vista?— no solía pasarme por allí muy a menudo, solo cuando tenía algún problema. —¿Ha pasado algo en casa?

Me senté en una de las dos sillas que estaban delante de él. No sabía si ir directamente al grano o alargar la situación. Necesitaba respuestas por mucho que me doliese la verdad. Mi padre tenía que saber que ya no era una niña, que podía hacer frente a las adversidades por mi cuenta. No necesitaba que me protegiera. Finalmente, decidí que ya era hora de ir con la verdad por delante.

—Papá, creo que ya es hora de que me hables sobre lo que me estás escondiendo— cu cara cambió, se le ensombreció la mirada. —¿Qué me estás ocultando?

—Este no es un buen sitio para hablar de esto, a parte de que tampoco es el momento de hacerlo— lo percibía incómodo.

—¿Y entonces cuándo? Nunca va a ser el momento adecuado para ti— estaba contando mentalmente hasta diez, no podía perder la calma.

—Allison, te pido que te vayas. Hablemos de esto en casa, por favor— intentó cogerme de las manos pero las aparte antes de que pudiera hacer nada.

—No. Ahora. Dime la verdad. ¿Qué me estás ocultando?— se lo estaba suplicado, necesitaba saber si Sarah tenía razón o no.

—¡Te he dicho que ahora no!— me levantó la voz. Hacía mucho tiempo que no me gritaba de aquella manera. —¡Vete a casa de una vez!

No iba a dejar que me levantara la voz y mucho menos que me tratara así cuando sabía que había hablado con mi madre. Me levanté de la silla para ponerme a su altura.

—¿Cómo has sido capaz de ocultarme que mamá quería ponerse en contacto conmigo?— por como se sentó y se hundió en su asiento comprobé que aquello era cierto. Sarah tenía razón.

—¿Quién te lo ha dicho? ¿Cómo te has enterado? Intenté ocultarlo lo mejor que pude— sin darme cuenta me había vuelto a sentar y estaba limpiándome algunas lágrimas que se me habían caído.

—Sarah— mentalmente estaba recordando que me había prometido no enfadarme con él, pero ahora mismo me estaba resultando bastante complicado.

—Joder— pocas veces había escuchado a mi padre decir palabrotas, debía estar desesperado. —Sabía que no tenía que haberle pedido consejo.

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