Capítulo 27

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Cuando salí de clase estaba súper convencida de que quería ir a hablar con mi padre, pero ahora ya no lo estaba tanto. Sabía que la intención de Sarah al decirme que mi madre quería retomar el contacto conmigo era para hacerme daño. Tal vez quería alejarme de mi padre. Tengo la sensación de que me lo quiere arrebatar todo, cualquier tipo de relación con mis amigos y familiares e incluso con Oliver. Ahora sí que veo la envidia que me tiene, los celos que mencionó Isaak. Pero... ¿por qué? No entiendo qué es lo que le he hecho. Sigo pensando que es una tonta por tenerme envidia, ella tiene una familia que la quiere, inclusos sus tíos y primos la quieren.

De cualquier modo, no puedo dejar que consiga su propósito, tengo que ser fuerte por mucho que me vaya a doler lo que mi padre me tenga que decir. Tengo que prometerme que me diga lo que me diga no puedo enfadarme con él, no puedo darle ese placer a Sarah. Hablaré con él como dos personas civilizadas e intentaré entender por qué me ha ocultado la verdad. Todo esto siempre y cuando lo que mi padre me esconde sea lo que Sarah me ha dicho, no pierdo la esperanza de que lo que me oculta sea otra cosa, como por ejemplo que se ha hecho un tatuaje o que tiene novia nueva.

Después de pensar mil formas positivas en las que poder apoyarme cuando mi padre me cuente la verdad, por fin llego a casa. Después de una semana sin haber estado por allí, me sentía algo nostálgica. No me había dado cuenta de lo mucho que había echado de menos mis cosas, pero igualmente, no me arrepiento de haber pasado estos días con Oliver. Para mi gran sorpresa hemos conseguido compaginarnos bien. Lo cierto es que mi padre se piensa que me he quedado en casa de Isaak, ya que todavía no es consciente de mi relación con Oliver. No porque no quiera decírselo, que sí que quiero, el problema es que no he encontrado el momento adecuado para contárselo. Cuando iba a hacerlo siempre pasaba algo que me hacía echarme hacia atrás.

Registré todas las habitaciones, una por una, no había rastro de mi padre. ¿Dónde podría estar? Debería estar en casa. Entonces, como por acto reflejo, miré la hora en mi teléfono. Las 12:45. Ya sabía dónde estaba mi padre: trabajando. ¿Cómo no lo había pensado antes? He perdido un día de clase para nada. Que idiota soy. ¿Y si ese era el plan de Sarah? A lo mejor quería molestarme para que me fuera de clase, así no asistiría y con eso conseguiría que no me graduase. La verdad es que ya no sé cuál es su objetivo. No sé qué cosas se le pasan por la cabeza con la mente tan retorcida que tiene. Sin embargo, una cosa estaba clara: me quería hacer daño, de un modo u otro.

No mucho tiempo más tarde, decidí que no iba a perder el día de aquella manera; quedándome en casa sin hacer nada. Iba a hacer algo productivo. Si mi padre no venía hacia mí, yo iba a ir a buscarlo a su puesto de trabajo. Thomas, mi padre, tenía un bufete de abogados en el centro del pueblo. Estaba trabajando allí gracias a un amigo suyo que consiguió enchufarlo. Se graduó en la Universidad de Indiana (en la que estudia ahora Oliver) con un grado en derecho y algún que otro máster. Y como no encontró trabajo, su amigo lo ayudó. Desde entonces, siguen trabajando juntos.

Más de una vez su trabajo nos ha sacado a mis amigos y a mí de problemas. Un día, un policía nos pilló a Sarah, Isaak y a mí bebiendo alcohol siendo menores de edad. Nos llevó a la comisaría para que pasáramos allí unos días, así, aprenderíamos la lección. Por suerte, mi padre movió algunos hilos y consiguió sacarnos de allí sin ningún inconveniente. Este es uno de muchos ejemplos, por eso, nunca me he quejado de su trabajo, aunque sí que es cierto que trabaja demasiado y casi nunca está en casa.

Sin más preámbulos, salí de casa y fui al trabajo de mi padre. Podría haber cogido el coche, el problema era que no quería hacerle frente a mi padre tan pronto. Seguía temiendo encontrarme con la verdad. Cuanto más lo pensaba más sentía que lo que Sarah me había dicho era cierto.

Media hora después ya estaba en el centro del pueblo, en busca de mi padre. Allí estaba su bufete, al lado de la floristería, tal vez luego me pasaba para comprar algún girasol. Al entrar en el edifico en el que trabaja mi padre me encuentro con Larry, el recepcionista.

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