Capítulo 26

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Una hora y media después todavía seguía hablando con Isaak. No paraba de decirme cosas que me hacían pensar que tanto él como Sarah sabían de mi relación con Oliver sin que yo les hubiera dicho nada, así que le pregunté; no estaba para perder el tiempo.

—Entonces... ¿sabías lo de Oliver antes de que Sarah me escuchara discutir con él?— asintió. —¿Cómo?

—Sarah y yo no estábamos ciegos, se notaba que entre vosotros pasaba algo. Cuando Sarah discutió contigo ya sabía lo que os llevabais entre manos, simplemente actuó— era demasiada información para procesar, quería irme a mi casa.

—¿Eso es todo lo que me tenías que decir?— me dijo que no.

—Simón me ha contado vuestra discusión y me sabe mal que acabéis así. Quiero empezar una relación con él pero antes tengo que arreglar las cosas contigo. Mi amistad con Sarah no es sana, me hace hacer cosas que no quiero. Quiero solucionar los problemas que tú y yo hemos tenido. Por mí. Por ti. Por Simón— me levanté del banco con intención de irme, ya había escuchado demasiado. —Ally— se levantó también. —De verdad que siento todo lo que ha pasado, no pensaba que Sarah iba a llegar tan lejos. ¿Vas a poder perdonarme algún día?

—No lo sé Isaak, no lo sé.

—Bueno, si no me vas a perdonar a mí, por lo menos habla con Simón y arregla las cosas con él. Él también lo está pasando mal. No quiero que lo nuestro afecte a mi relación con Simón, y mucho menos no quiero que le hagamos daño.

Me fui antes de que me dijera nada más, no quería que siguiera comiéndome la cabeza. Él sabía que yo era débil en cuanto a mis sentimientos. Sabía que siempre ponía la felicidad de los demás por delante de la mía. Pero esta vez no. Nunca más. Ya estaba cansada de que me utilizaran y de que me trataran como un trapo de usar y tirar.

De camino a casa intenté procesar todo lo que Isaak me había dicho, no sabía que pensar. Me había dicho que quería a Simón y por cómo le brillaban los ojos cuando decía su nombre comprobé que aquello, por lo menos, era cierto. Pero respecto a los demás temas, no sabía si me estaba diciendo la verdad o me estaba mintiendo. Y fue entonces cuando saqué el llavero y vi la llave que me había dado Oliver esta misma mañana. Ya sabía que era lo que tenía que hacer. Me iba a ir a hablar con él y le iba a contar todo lo que estaba pasando, no podía esperar más. Ya me daba igual lo que le pudiera pasar a Sarah, tal vez necesitaba ayuda psicológica porque las cosas que estaba haciendo no eran normales. Yo ya la había protegido demasiadas veces, por lo que ya era hora de que pensara más en mí y menos en los demás, por muy egoísta que sonase. Sin más preámbulos me subí en el coche en dirección a la nueva casa de Oliver.

Me costó bastante llegar porque no recordaba el camino pero, después de cuatro intentos, conseguí llegar y llamar a la puerta. Todavía no quería utilizar la llave que me había dado. Después de lo que había pasado con Oliver en mi habitación esa mismo día no sabía cómo iba a reaccionar al verme.

—¿Allison?— Oliver me abrió la puerta en pijama.

Debían de ser las nueve de la noche. Parecía que no se creyera que estuviera allí. No mostraba señales de enfado, es más, parecía que se alegraba de verme. Ahora que lo tenía enfrente de mí me replanteé contarle la verdad. Si aquella información le hiciera daño, de algún modo, que estoy segura que se lo va a hacer, jamás me lo perdonaría. No quería verlo sufrir pero, a pesar de todo, Oliver tenía derecho a saber qué era lo que estaba pasando y cómo era su hermana realmente.

Entré sin que me diera permiso y bajo su mirada fui yo quien cerró la puerta. Me miraba preocupado. Le besé. Lo hice con desesperación pero disfrutando de cada momento, de cada segundo. Tenía miedo de que aquella fuera la última vez que lo hiciéramos. Al separarme para coger aire vi que el pijama que llevaba puesto era el de cuando vino a mi casa a leerme el Principito.

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