Capítulo 13.1- Señorita Cavendish

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Podía vislumbrar entre la humedad del amanecer, al pequeño palacete que su padre le había dejado;  lejos de sentirse agotada por llevar tantas horas cabalgando sin descanso, se sentía emocionada y hubiera echo correr a Abiah con tal de terminar con la distancia que la separaba de su propia casa, mas no quería forzar a su montura; Abiah aguantaba bien pero ya tenía unos años y no convenía sobre esforzar-lo por una simple emoción. 

El camino no se había echo tan adusto como pensaba; Lord Henry Manners,lejos de lo que había pensado, se había convertido en un grato acompañante. No la juzgaba, ni la cuestionaba tan sólo se limitaba a escucharla; al inicio, se había mantenido rehacía a entablar conversación con él, sin embargo, al pasar las horas se dio cuenta que era un hombre con agradable oratoria y de fácil carácter. Lejos de lo que había creído el primer día que lo vio, no era para nada el ególatra o el maleante que quería aparentar sino  más bien era cercano y mesurado.

-Es esa de ahí-comentó Karen haciendo que Henry fijara su vista a lo lejos.

-Por lo menos aún nos queda media hora, estoy asombrado, no te has quejado en todo el camino es como si no te doliera nada - confesó sinceramente Henry al ver que la joven soportaba largas horas a caballo sin inmutarse. 

-Lo mismo digo- repuso ella burlona haciendo que el duque ladeara la cabeza de un lado a otro con una sonrisa conformista al ver que era imposible que Lady Cavendish mostrara signo de flaqueza alguna . 

Tal y como había previsto el jinete, llegaron a la propiedad tras treinta minutos. De cerca, el edificio era más imponente. No era tan grande como el de Chatsworth House, pero sí que lo era un poco más que la casa de Bath de su hermana Audrey. Desmontó sin poder evitar sentir un leve calambre en sus muslos mas con un masaje rápido consiguió quitárselo en gran medida, no quería perderse ningún detalle de lo que la vista le estaba ofreciendo: ventanales enormes que iban de una esquina a la otra, dos grandes chimeneas que coronaban el tejado y el escudo de armas de los Cavendish que se erigía orgulloso en medio de la mansión. 

-¡Señorita Cavendish! - salió de pronto un hombre pasados los setenta acompañado de una mujer de similar edad que parecía su esposa.

-¡Oh mi niña! - exclamó la mujer que salió con un delantal blanco con los brazos abiertos hacía ella haciendo sentir incómoda a Karen por no poder responderla con el mismo afecto puesto que no los conocía...o no los recordaba. El estupor de la joven no pasó desapercibido por el anciano matrimonio -¡Han pasado tantos años y eras tan pequeña! ¡Es normal que no te acuerdes! Yo te conocí cuando eras así- narró la anciana señalando con la mano una altura de escasos palmos del suelo- te trajo tu padre cuando a penas podías andar, dijo que quería que te conociéramos porque llegaría un día en el que tendríamos que servirte- continuó la mujer cogiendo a Karen por el brazo y empujándola hacia el interior sin dejar de hablar, la joven la miraba con asombro no sólo por el trato afectuoso con el que le estaba hablando sino por la energía que desprendía a pesar de su edad-lamenté tanto la muerte de tu padre...era un gran hombre- recordó la empleada mientras su marido hacía pasar al duque tras de ellas- pero no me habían informado de que te habías casado...- ultimó la anciana dando una mirada rápida a Henry.

-Oh no, no es mi marido- se apresuró a aclarar la joven provocando que el rostro de la empleada se deformara por instantes mas la anciana, que sabía cual era su lugar, se recompuso al instante.

-¡Oh disculpe mi torpeza señorita! Con la emoción no nos hemos presentado ni mi esposo ni yo. Soy la Señora Donoval y él es mi esposo, el Señor Donoval; estamos encargados de la organización y el mantenimiento de su propiedad en la que hay actualmente, veinte empleados- siguió contando la Señora Donoval mientras estaban de pie en el recibidor, un recibidor para nada ostentoso pero que cumplía todos los requisitos de una casa adinerada- sé que no son muchos señorita pero si lo desea , ahora que está en la casa, podemos contratar a más. 

-De momento bastará, por el momento me gustaría que prepararan una habitación para mi amigo el duque de Rutland- presentó mientras los ancianos hacían la reverencia protocolaria hacia el noble - para que pueda descansar, y preparen una para mí. 

-Inmediatamente, ¿algo más Lady Cavendish?

-Ponga un lacayo al servicio de Lord Manners por todo cuanto pueda necesitar así como avise a alguna de las doncellas que se encargue de mi comida y de atender mi recámara. 

-Sí señorita- obedeció la anciana retirándose al instante presurosa de cumplir las peticiones de la joven dama. 


Ojos del anochecer ( III Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!