Capítulo 2 [Editado]

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Durante el desayuno a la mañana siguiente Mandy, la empleada, me sirve un tazón de mi cereal preferido con leche descremada de chocolate y dejo la teen vogue a un lado para empezar a comer.

—¿A qué hora llegaste anoche? O mejor dicho, en la madrugada— pregunta mamá, que está sentada al frente de mí con una ceja levantada, gesto que hace cada vez que está a punto de destruir a alguien.

¿Por qué me dejé convencer por Ashley anoche? Esta es la razón por la cual no quería ir a la casa de Aidan. Mi papá, creo que a veces ni se acuerda de que existo, ¿pero mamá? Mamá bien pudo haber salido de las pesadillas de cualquier adolescente. Es estricta e intransigente; de hecho fue prácticamente un milagro que anoche me haya dejado salir.

Termino de tragar el cereal en mi boca y pongo la cuchara en el tazón.

—Juro que no fue mi intención haber llegado tarde, la fiesta de Kendra acabó súper tarde y luego nos invitaron al after, así que--

—¿Así que qué?

—Así que Ashley se puso necia para que fuéramos y me convenció. No quería ir, pero tampoco dejarla sola.

—Ah, ya. Entonces por eso fue que no llegaste ayer; porque Ashley te convenció de acompañarla.

—Sí —afirmo.

—Bien —sonríe, pero sus sonrisas no siempre indican algo bueno —. Estás castigada— dice.

—¡¿Cómo?! —pregunto anonadada.

Me han regañado fuertemente muchísimas veces, pero castigado jamás. Mis padres no son de ese tipo. O eso creía.

—Como lo escuchaste; estás castigada —repite—. Solo las zorras pasan toda la noche en la calle y bajo mi techo no voy a permitir que viva ninguna.

—¿Estás diciendo que me estoy comportando como lo hace una zorra callejera? —le cuestiono con indignación— ¡No estaba sola, sino con Ashley y Fred!

Soy su hija, entiendo que esté molesta pero ¿cómo se puede referir de esa forma hacia mí?

—Eso no cambia nada en lo absoluto. Y no modifiques lo que sale de mi boca; lo que digo es que antes de que te conviertas en una, tomaré medidas porque por lo visto he sido muy permisiva contigo.

—¿Qué medidas piensas tomar?

—A partir de ahora solo podrás salir conmigo o con tu padre, si no es para la escuela, claro.

—¿Qué? ¡Mamá, no! Estaba planeando ir con las chicas al centro comercial esta tarde.

—Pues no irás, y no intentes usar esa voz esta vez, porque no funcionará. Además, no te preocupes, igual no hubieses hecho mucho, porque también voy a cancelar tus tarjetas de crédito. Vi las facturas del mes pasado y ahora me doy cuenta que no eres tan madura como creímos tu papá y yo. Si pusimos ese dinero a tu disposición fue para que lo gastaras con consciencia y responsabilidad, no con derroche.

—Lindo regreso a clases me estás dando, ¡solo te falta sacar una pistola y dispararme!

—¡No digas eso! Es por tu bien.

El timbre suena.

—Sí, claro, por mi bien. ¡Papá y tú intentan arruinar mi vida!— me levanto de la mesa— ¡Los odio!

Agarro mi bolso y voy a abrir la puerta.

—Buenos días— me dice Freddie entrando a la casa. Lo había invitado a desayunar antes de nuestro primer día de escuela, pero con la pelea que acabo de tener con mi madre dudo que sea una buena idea.

—Llegas justo a tiempo, larguémonos de una vez.

Freddie alza una ceja al escucharme y ver la cara de amargada que debo tener.

—¿No me habías invitado a desayunar?

—Llegaremos tarde a clase, puedes pasar comprando algo en el camino.

Cuando llegamos a la escuela saludo a Ashley, quien vino en su propio auto. Ventajas de tener padres que no te odian.

—¿Se me notan las ojeras?— le pregunto mientras esperamos al profesor de biología en el aula. Freddie está sentado en la parte final del salón con uno de sus amigos.

—No, no se te notan para nada. Yo casi gasto todo mi corrector ocultando las mías esta mañana y la reseca me está matando. Anoche estuvo genial, ¿no?

Hago una mueca.

—Para mí no tanto. Mamá me castigó por llegar en la madrugada.

—¿Te castigó?

—Sí, me prohibió salir y va a cancelar mis tarjetas de crédito. ¿Puedes creerlo? No voy a poder ir con ustedes al centro comercial esta tarde —lamento.

—En serio te compadezco, amiga. A mí me cancelan las tarjetas y me muero.

—¿Tus padres dijeron nada?

Ashley sacude la cabeza en negación.

—Siempre están preocupándose por cosas más importantes que sus dos hijos. Aunque viendo tu caso... prefiero que sean así a que sean como tú madre. Sin ofender.

Me encojo de hombros —Tranquila, es más que obvio. Oye, ¿no sabes si a tu hermano le pasa algo? Ayer estaba extraño y eso me preocupa...

Ashley rueda los ojos —Solo le preocupa lo de la universidad y todo eso. No exageres las cosas, mira que los chicos odian el drama.

El profesor llega, deja sus cosas sobre el escritorio y empieza a copiar en el pizarrón.

—Tengo dos noticias para ustedes, chicos— dice mientras escribe en la pizarra en plan de evaluación luego del típico y trillado saludo de regreso a clase—. Una buena y una mala. La buena es que no haré examen final.

Todos en la clase empiezan a gritar por lo último, excepto Ashley y yo, aturdidas por el comportamiento infantil de nuestros compañeros.

—¿Cual es la mala?— pregunta alguien del fondo después que se callaron.

—La mala es que--

—Disculpe— interrumpe una mujer entrando al salón con una chica detrás de ella—. Chicos, a partir de hoy ella será su nueva compañera de clase. Espero que sean amigables con ella.

Una nueva compañera, qué novedad...

Este día está siendo nada común.

La Mala del Cuento [Editada]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora