Capítulo #44: Cuando las flores no tengan más que decir

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A pesar de considerarse cursi, Daichi estaba seguro de que había empeorado desde que la enfermedad abandonó su cuerpo. Si antes le parecían milagros exagerados todos los favores que el amor hacía por uno, estar de acuerdo con esos efectos era lo menos que podía hacer ahora. Lo sentía en cada inhalación libre del dolor que le robaba el aire. Lo comprobaba en las sonrisas sin tristezas escondidas cada vez que Suga aparecía, fuese frente a él, a través del teléfono o en su memoria. Lo vivía al soñar despierto con un futuro que estaba más claro que nunca.

Pudo regresar a casa el domingo por la mañana con unas inmensas ganas de decirles a todos que por fin su amor era correspondido, pero aún había asuntos pendientes que completar antes de presumir. Por suerte, serían resueltos esa misma noche. De acuerdo al plan, se encontraron en el punto habitual media hora antes de la puesta del sol para caminar hasta el parque donde se suponía que, dos días antes, debieron tener unas confesiones más calmadas.

La temperatura invitaba a envolverse el cuello en una bufanda, mas no hacía tanto frío como para que la comodidad dependiera de guantes también; así que sus dedos pudieron entrelazarse con libertad para prestarse su calor mientras se adentraban a las áreas más despejadas del lugar. La combinación del ambiente y la intimidad del contacto llenaba sus mejillas de calidez; Suga estaba en las mismas cuando volteó a verlo. La suave brisa no alcanzaba a alborotar su cabello del todo, dándole un movimiento flotante de lo más encantador.

Los tonos anaranjados del cielo estaban cediendo su puesto al azul oscuro nocturno cuando hallaron el sitio ideal para ver las estrellas en unos minutos. Se sentaron sobre el pasto corto del claro y se instaló un silencio muy lejos de ser incómodo entre ellos; era genial sentirse pleno solo con la compañía de alguien más. Siempre había sido así con él. Siempre hubo algo en su persona que lo relajaba, tal vez fue eso lo que originó sus ganas de tenerlo presente. Sabía que incluso cambiaba con él, los demás no dejaban de resaltarlo; si era porque su opinión estaba parcializada por el amor o porque Suga simplemente no hacía nada para enojarlo, seguiría con la duda.

En algún momento, sus cuellos se cansaron de mirar arriba y acabaron acostándose. Sus manos, separadas desde que dejaron de caminar, se buscaron de nuevo. Sonrió, era maravilloso sentir las debidas mariposas revoloteando en su interior en vez de las abejas que lo picaban por dentro antes. Las estrellas ya se asomaban junto a la luna en el cielo azul, aun así, quería ver más a Suga. Se dio el gusto de reemplazar el brillo estelar por su reflejo en esos ojos castaños.

Era tan real que apenas podía creerlo. ¿Cuánto tiempo estuvo soñando con tener una cita con Suga? ¿Desde cuándo esperó al día a partir del cual no tendría que ocultar sus sentimientos nunca más? Por fin conocía las sensaciones con las que solo había fantaseado todos esos meses, y todo era tan grandioso, tan hermoso, tan bueno. Solo había algo más por concretar antes de dar por completada a su felicidad.

—¿Suga? —pidió su atención, aunque devolvió su mirada al cielo. Debía controlar su rubor de alguna manera.

—¿Hm? —¿Cómo hacerlo, con una voz tan melodiosa a menos de un metro de él?

—A lo mejor esto quedó sobreentendido desde que me curé, pero quiero preguntarlo. Necesito saber si ambos estamos en el mismo nivel.

—¿Qué quieres decir?

Resignado a que la rojez no se disiparía de sus mejillas, le dio la cara.

—¿Eres mi novio?

Suga rio suavemente detrás de su mano libre. Adorable, mas no lo que deseaba cuando iba en serio.

—Me alegra que preguntes eso, porque tampoco estaba muy seguro de darlo por sentado. —Sus ojos se achicaban por su sonrisa—. Pienso que sí, o no estaríamos haciendo esto. —Levantó sus manos unidas.

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!