CAPITULO: 12

998 131 19

GAIL

—¿Abigail?— pregunta con el ceño fruncido. Quizás está igual que yo de confundido. Bien es cierto cuando dicen que el mundo un pañuelo.

—¿Tú?— reacciono.

No se supone que se había ido a otro país. ¿Qué hace él aquí?

¡Ay, no! Estás alucinando Gail, eso es lo que pasa, estás alucinando.

Termino incorporarme de pie y ninguno de los dos dice nada más, guardo mi celular en el bolsillo trasero de mi pantalón y me dispongo a retomar mi camino, pero él me lo impide tomándome de mi brazo izquierdo.

—Abigail. Por favor espera.— pide en cuanto me gira para quedar frente a él. —Ha pasado tanto tiempo. ¿Cómo has estado?— pregunta con si nada.

—Hay que ver que eres un descarado. Después de lo que paso. ¿Me preguntas como he estado?—'inquiero incrédula.

—Todo tiene una explicación Abby.— se excusa.

Claro la típica frase, creen que con eso solucionan todo.

—¿Una explicación?— ironizó. —¿Después de dos años David? Ni siquiera dos días o dos semana, fueron dos años y no me vuelvas a llamar así, para ti deje de Abby desde el mismo instante que decidiste desaparecer con aquella pelirroja.— bramo.

—De verdad, tienes que escucharme. Todo tiene una explicación.— súplica.

—Creo que ya es muy tarde para eso.— siseo.

—No me fui porque quise, si no por obligación.— contesta.

Pero si es cínico.

—No seas mentiroso. ¿Qué vas a inventar ahora? ¿Qué te obligaron a casarte? Por favor, no me creas tan ingenua David.— replique.

—Parecerá absurdo. Pero realmente si es lo que paso. Mi padre me obligo a casarme con Ashley por negocios.— implora.

No cabe duda que es el típico mentiroso mujeriego.

—¿Tú crees que me voy a creer eso? Dime. ¿De qué libro sacaste ese diálogo? No te creo nada.— le reprocho.

—Tienes que creerme. Yo solo te amaba a ti. Yo te amo a ti.— declara.

Si hubiera sido cierto no se hubiera ido sin ninguna explicación.

—No recuerdas el último mensaje que te envíe.— dice.

Claro que lo recuerdo, fue la mentira más grande de todas.

—Pase lo que pase, siempre te voy amar.— musitó las palabras de aquel antiguo mensaje, que dos años atrás antes de irse sin ninguna explicación me había enviado.

—Suéltame, que me estás lastimando.— pido ya que aun me tenía tomada del brazo izquierdo muy cerca de él.

—No. No te voy a dejar ir hasta que las cosas se aclaren.— demanda y comienzo a forcejar con él para soltarme de su agarre pero es inútil, él es más alto y más fuerte que yo.

—Nosotros no tenemos nada que aclarar. Mejor vete y busca a tu esposa, que en alguna parte debe estar esperándote.— mascullo enojada.

—Yo ya no tengo esposa. Me divorcie. Por eso regrese hace unos días a Miami para buscarte. Solo que...— trata de justificarse de nuevo, pero antes de que pueda concluir lo interrumpo.

—¿Qué creías? Que iba a estar de brazos abiertos esperándote.— ironizó negando con la cabeza.

¿Es qué ya no sientes nada por mí?— inquiere y yo ruedo los ojos incrédula.

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika ©¡Lee esta historia GRATIS!