Capítulo 11- Punto de inflexión

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Cuando la oscuridad cayó como un manto sobre los cuerpos de los dos amantes éstos sucumbieron a esa pasión que tantas veces los envolvía y los había envuelto, se fundieron en besos interminables y caricias ardientes en lugares prohibidos. Sus respiraciones se agitaron y se entremezclaron hasta volverse una sola, Asher se deleitaba al enterrar sus dedos en el frondoso y sedoso pelo de Karen y ésta, a su vez, hacia lo mismo con su barba bien cuidada. A penas había luz mas la tenue lámpara de algunas estrellas curiosas les bastaba para poder conocerse mejor.

La risa del almirante pronto fue extinguida dando paso a susurros desesperados que navegaban a través de las corrientes eléctricas del cuerpo de la dama abriéndose más a ese hombre que aplastaba con un solo beso todas sus fieles convicciones.

-Es usted tan sublime- murmuró el conde de Derby a su oído haciéndola estremecer- usted no se ha visto en los ojos de un hombre, es como perder el sentido - confesó deslizando su mano por el cuello de la joven, el cual amenazaba con romperse por los fuertes latidos que colisionaban contra sus paredes, la sangre amenazaba con desbordarse en cualquier instante, Karen sentía que iba a morir mas sería la muerte más placentera que existiera en ese mundo; esos dedos curtidos por armas y entrenamientos, siguieron descendiendo hasta llegar a ese pequeño hueco que ambos senos abrían orgullosos, las yema del dedo índice pareció enloquecer en ese minúsculo espacio hasta que la mano exigió devorar, famélica, el resto de la carne; posándose, frenéticamente sobre uno de los turgentes pechos apretándolo con frenesí, obligándolo a ahogarse contra la tela que aún lo cubría.

Tan sólo los rodeaba un prado y lo que éste podía contener pero poco les importaba el lugar si éste les permitía poder amarse, o lo que fuera que era éso. Era una locura, parecía una insensatez y amenazaba ser una irresponsabilidad; sin embargo,hubieran deseado que la tormenta más feroz los tragara con tal de poder seguir en ese trozo de paraíso que formaban juntos.

La debutante respondió al contacto desesperado del noble deslizando con sus propias manos que, a pesar de la emoción no temblaban, las mangas de su vestido dejando a la vista su piel tersa y blanquecina; ofreciendo una visión más que suficiente para acallar las desnutridas voces que llamaban a la cordura en Asher. Ella deseaba su contacto, sus caricias directas sobre su pechos que se estiraban hacia el cuerpo masculino queriendo absorberlo entre ellos, con complacencia él se dejó atrapar y sucumbió a la sensualidad de ambos: acariciándolos, besándolos, succionandolos ...arrancando con todo ello pequeños pero sonoros quejidos de regocijo en su dueña.

La situación era tan embriagadora que Karen ya no se sostenía entre los brazos de su captor y deseaba desvanecerse sobre el suelo, no obstante, el caballero se quitó su frac para que sobre él pudieran depositarse con más comodidad.

Besos y más besos llenaron los espacios, parecían interminables y con cada uno el siguiente se hacía más necesario obligandolos a detenerse para poder respirar aunque el propio aire se hacia insulso y molesto entre ellos.

-Quiero hacerla mi esposa, quiero hacerla mía aquí y ahora y pediré su mano, lo juro por mi honor; permítase terminar con esta agonía que nos persigue des de que nos encontramos bajo esa noche estrellada en el balcón de los Pembroke. El destino ha querido unirnos una noche más bajo los astros, ríndamonos a él. Sé mi condesa. -murmuró el almirante colando su mano bajo la larga falda de Lady Cavendish, escurriéndose entre la sedosa piel inmaculada, chocando con ligueros llenos de armas...armas que habían quedado inutilizadas.

-¿Podría aceptar mi naturaleza? ¿Aceptaría que saliera a cabalgar cada madrugada con pantalones masculinos? ¿Toleraría que su mujer viajara a Francia para codearse con los sectores más liberales de su sociedad? ¿ Soportaría que su condesa financiara y liderara una escuela femenina nunca antes abierta en Inglaterra? ¿Podría aguantar que los pasillos de Palacio se llenaran de rumores acerca de la intolerable actitud de la condesa de Derby? - escupió Karen, queriendo que su respuesta tan sólo fuera afirmativa, queriendo que aceptara para poder entregarse a él .

Ojos del anochecer ( III Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!