Dejando mis pensamientos de un lado prosigo a darme una ducha y en tan solo minutos después ya estoy de vuelta en mi habitación para alistarme, por suerte Mika ya no está ahí. Me encamino al closet en busca de mi atuendo, opto por un pantalón de mezclilla, una blusa manga larga celeste y mis habitual converse blanca, peino mi cabello en una coleta alta y una vez lista bajo a la cocina junto con mi bolso que contiene mis pertenencias.

—Eh... Buenos días.— Saludo a la señora Johnson al ingresar a la cocina. Ella se encontraba preparando unos panqueques para el desayuno, mientras que Mika estaba sentado en la isla leyendo el periódico.

—Buenos días Gail.— Me mira con una sonrisa amable y luego vuelve su vista a la estufa.

—Este... Yo ya me voy a trabajar.

—¿Cómo qué ya te vas?— Me detiene antes de que pueda salir de la cocina. —Si aun no desayunas.

Niego con la cabeza.

—Es que voy tarde, no se preocupe yo...

—No. No. No.— Dice con voz cantarina. —No te vas a ir sin desayunar, en tu estado necesitas alimentarte bien.

Otra vez con lo del embarazo.

—Pero es que yo no...— Quiero de explicarle por milésima vez que no puedo estar embarazad. Pero ella no me deja. A cambio, me entrega un vaso de vidrio con un batido extraño.

Por lo menos tomate el batido que te hará bien.— La señora Johnson me observa expectativa, esperando que lo tome, e intento omitir una mueca de asco.

Esa bebida se ve rara. Está toda espesa y grumosa de color morado o eso parece. Eso debe saber horrible, no creo que sea fresas o mora.

De reojo veo a Mika, pero él sigo leyendo el periódico ajeno a lo que sucede.

Odio cuando me obligan a comer o beber algo, nunca he tenido buen paladar. Si lo rechazó, quedaría como descortés o mal educada. Así que sin pensarlo más bebo un trago de la batido viscoso de sabor extraño, sólo en fue cuestión de segundos siento el estómago revuelto al contraerse y las ganas vomitar se apoderan de mí, así que corro los más rápido al baño de invitados, colocándome de cuclillas sobre el inodoro.

—¿¡Gail!?— Escuchó la voz de Mika y en un instante está mi lado. —¿Te encuentras bien?— Agito la cabeza en negación.

Me siento terrible.

Mi estomago de nuevo se contrae y expulso lo poco que contengo en mi interior, ya que no había desayunado.

—Mi niña no te preocupes, eso son parte de los síntomas.— Hace parecencia la señora Johnson y yo abro mis ojos como plato.

Qué síntomas, ni qué síntomas.

—Mamá...

—Algo tenía el batido, que me hizo mal.— Logro decir interrumpiendo a Mika.

—No es posible, si es un batido en proteínas, un tres en uno de zanahoria, remolacha e hígado.— Tan solo escucharla provoca que las ganas de vomitar vuelvan.

No me gusta el hígado, lo detesto.

MIKA

—¡A ella no le gusta el hígado!— Le comento a mi madre, pero parece no prestarme atención ya que se encuentra revisando su celular y enseguida realiza una llamada.

—Bueno. Hospital Odom...— La escuchó hablar a la vez que a se alejaba del baño y yo dirijo mi vista de nuevo Gail.

—¿Ya sientes mejor?

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika ©¡Lee esta historia GRATIS!