Capítulo 38 | Transparente

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Narra  April

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Narra  April

Era curioso, como de un momento a otro, todo se derrumbaba enfrente de tí. Cómo el peligro te atacaba sin tu permiso y como te asfixiaba hasta dejarte muerta.

Y esa era mi sensación en ese momento. No me sentía viva, sino apagada.

El silencio se apoderó del lugar. Sean estaba mirando el techo fijamente, Noah se encontraba sentado en el suelo apoyando la espalda en la pared, Reese estaba sentada a su lado, Malcom en el sofá donde antes estaba Derek, quien después de lo que dijo Sean, salió de la cabaña; Irina y Connor fueron tras él; Nathan estaba de pie con ambos brazos cruzados al lado de Sean, y yo me había sentado en el segundo sillón del salón ya que me había mareado al escuchar las palabras del moreno. A mi lado estaba Jayden acariciándome el pelo. Me sentía en un estado de shock, ya que todo se volvía transparente, y eso me comenzó a asustar.

Había pasado por muchas cosas, lo sabía y era consciente de ello. Y también había aprendido a levantarme. Pero como la vida era una montaña rusa, tenía que aceptar que había momentos en los que me caía también.

Al fin y al cabo, siendo inefable o no, era humana.

—Sean, dinos más sobre el tema. Llevas diez malditos minutos en silencio, y ya me estoy poniendo de los nervios—dijo Noah alzando su mirada hacia él.

Su rostro delataba su cansancio mental. Y yo sentía exactamente lo mismo. Después de que el porcentaje de mi cerebro subiera sin más, el dolor de mi cabeza no desapareció en absoluto. Aunque la adrenalina se había alejado un poco de mi cuerpo, la sensación de energía y de otra cosa extraña que no sabía cómo describir, seguía en mí. Como si fuera parte de mi cuerpo.

Sean suspiró y se incorporó en su asiento con una mueca de dolor.

—Por curiosidad, ¿Te han cosido la herida o algo?—preguntó Jayden subiendo una ceja.

—No. Lo tuve que quemar. Cuando utilizo mi propio poder en mí, se cura rápido.

—¿Y por qué no lo hiciste antes?

—Porque estaba sangrando y mi herida seguía reciente. Quemarlo lo empeoraría—arrugó su frente.

—Oh—asintió con la cabeza con sus ojos abiertos de par en par. Se acercó a mi oreja y susurró—. Ese tío es más raro de lo que pensaba.

Le miré conectando mis ojos con los suyos. Tan azules, y tan carentes de preocupación. A pesar de todo, seguía manteniendo su toque humorístico.

Sean aclaró su garganta entrelazando ambas manos mientras nos miraba a todos con lentitud.

—Hace cuatro años, en el 2085, justo cuando Alex Smith publicó uno de sus libros, el gobierno recibió una llamada extraña. No se pudo localizar su ubicación ni nada. Era alguien cuya voz era tan espeluznante y maravillosa que lograba confundir a cualquiera. Dijo claramente y sin rodeos, que él y su gente invaderían nuestro planeta. Al principio se pensó que era una broma, hasta que apareció en pantalla mostrándose. No sé cómo son en apariencia, pero dijeron que verles te traía un escalofrío. Ellos no querían que las cosas se pusieran tensas ni difíciles, por lo cual, dieron un plazo de cuatro años o más, para que el gobierno aceptara su invasión. En caso contrario, ellos vendrían a nosotros. Pasaron en verdad cuatro años y medio, y es cuando, sin avisar, vinieron.

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