CAPITULO: 08

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MIKA

—¿¡Date prisa que el avión ya debe estar por aterrizar!?— le grito a Gail desde la puerta de salida la casa. Mi madre me había pedido la noche anterior que fuera a buscarla al aeropuerto a las 8:30am. Por lo que la morena aviso al café que llegaría un poco más tarde.

—Ya voy.— informa bajando por las escaleras tras salir de la habitación.

Ambos salimos de la casa y subimos al taxi que nos estaba esperando para emprender el viaje al aeropuerto. En cuánto llegamos, comienzo a divisar a las personas en busca de mi madre, hasta que doy con ella.

—Michael Russell Johnson. Estoy muy enojada contigo.— es lo primero que me dice mi madre en tono de regaño llamándome por mi nombre completo al mismo tiempo que me pellizca en la oreja derecha como si fuera un niño malcriado de cinco año.

—¡Ay, Mamá!— me quejo. —Yo también te extrañe.— añado sarcástico. Pero es cierto, la extrañaba.

—Pues no parece. ¿Por qué no me avisaste nada de la boda?— brama.

—Es que todo paso tan rápido.— ironizó.

No me gusta mentirle a mi madre. Pero no puede saber el verdadero motivo, por el cuál Gail y yo nos casamos.

—Mi niña Gail. Como estas de linda, no sabes lo feliz que me haces que tú seas la esposa de mi hijo.— habla mi madre con emoción y se aproxima abrazarla por lo que la morena le corresponde afectuosa.

—Mamá la estas asfixiando.— me apresuro al decir a notar la mueca de Gail.

GAIL

—Mamá la estas asfixiando.— advierte Mika y la señora Johnson me suelta de su agarre. Poco a poco el aire vuelve a mis pulmones.

—Lo siento cariño.— se disculpa penosa.

—No se preocupe señora Johnson. También me da mucho gusto de verla.— contesto sincera.

Por una parte de verdad me agrada verla de nuevo después de varios meses. En varías ocasiones viaje a Los Ángeles junto a mi madre, su esposo, mi hermana y Mika para visitarla.

—No me digas señora Johnson querida. Sabes que me puedes tutear. Dime Rachael.— sugiere por lo que yo asiento. —Yo siempre supe que ustedes terminarían juntos, es inevitable no darse cuenta del amor que sienten uno por el otro solo con ver sus ojos.—agrega y yo abro mis ojos como plato.

—¿Amor?— pregunto confundida e incrédula.

—Si amor. Mucho amor.— enfatiza con ironía Mika dándome una mirada de advertencia.

Claro, la mentira de que somos esposos.

—Mamá seguro estas cansada por el viaje, será mejor que vayamos a la casa.— agrega dirigiéndose a ella y todos salimos del aeropuerto en busca de otro taxi para irnos a la casa.

—Si. Aun tememos muchas cosas que hablar hijo.— murmura la señora Johnson.

Los treinta minutos de recorrido a la casa, sin duda fueron los más incómodos en toda mi vida. Tanto para Mika, como para mí. Tuvimos que inventar una historia de como surgió nuestro noviazgo, hasta el día que nos casamos. La verdad me siento muy mal por mentirle. Aun cuándo llegamos a la casa, las preguntas no cesaron, unas eran más incomodas que otras.

—¿Para cuándo planean tener la boda por la iglesia?— pregunta de pronto la señora Johnson.

—¿¡Qué!?— gritamos en unisiso Mika y yo con cara de horror. Los tres estábamos en la sala. Mientras ellos estaban sentados en el sofá grande. Yo estaba de pie recostada en la pared frente a ellos.

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika ©¡Lee esta historia GRATIS!