25.- No te puedo sacar de mi cabeza

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—Val, ¿Estas bien? —escuche decir a Daniel por el otro lado de la puerta, se le escuchaba muy preocupado.

No le respondí, ¿Qué cosa le podría decir? Me siento fatal por la culpa de tu mejor amigo

 —Valentina, ¿Por qué mierda no contestas?, me estas preocupando, si no sales de allí me veras obligado a entrar…

 —Dan, no te preocupes, es solo que me sentía mal… —tenía que decir algo, sino Dan entraría y descubriría que estuve llorando

Me mire en el espejo, mis ojos estaban rojos y llenos de lágrimas, me veía terriblemente fatal, incluso un zombie resfriado se vería mejor que yo.

 —Vez, si nos hubiéramos quedado en casa comiendo mi deliciosa sopa nada de esto habría pasado

  —No me siento mal del estómago…  

 — ¿Entonces por qué saliste corriendo de la nada?

 —Lo que pasa es que… —tengo que decir algo creíble —llegó Andrés

Wow, me estoy convirtiendo en una máquina de mentiras. Puto Derek con su puta bipolaridad. Aunque esta vez no era una mentira completa, en realidad Andrés si había llegado en la mañana, pero no daré detalles.

 —Entonces, ¿Quieres estar sola?

 —Sí, espérame en nuestra mesa

 —Bien, allí estaré

Me lave la cara borrando cualquier pista de que estuve llorando para evitar momentos incomodos con Derek, aunque sinceramente ya no quiero volver a ver a ese idiota.

Amarre mi pelo en una coleta alta y salí del baño en dirección hacia una mesa en la cual se encontraba Daniel jugando con su celular.

 — ¿Y Derek?  —pregunte tomando asiento

 —Se fue unos segundos después que tú, estaba raro

 — ¿Raro?  —no es que me preocupe, solo me da curiosidad

 —Sí, se fue insultándose a sí mismo

 —Es un idiota —murmure para mí misma

 —Eso fue precisamente lo que dijo

 —Y bien, no me contaste que tal te fue en tu cita… —dije cambiando de tema. Ya no quiero saber nada del idiota

 —Ya te dije que bien

 — ¿Solo bien?

 —Intente llamarla mientras te esperaba, pero no contesta mis mensajes ni mis llamadas

 —Debe estar trabajando —dije dándole ánimos

 —Hoy salía temprano

 —Entonces debe estar tomando una siesta —dije dándole una sonrisa reconfortante

 —Seguro es eso —me dijo Dan

 —No me haz dicho nada de ella, ¿Cómo es?, ¿Cómo la conociste?, ¿Cómo la invitaste a salir?, ¿Ella te dijo que si o insististe?

 —Estás loca —respondió Daniel mientras reía por mi lluvia de preguntas.  —Ella se parece a ti, creo que es igual de renegona que tú, tampoco le agradan los mujeriegos. Al principio me odiaba, pero ahora estoy seguro que me adora, bueno eso es lo que creía ya que ni me ha devuelto la llamada —dijo Dan cambiando su sonrisa a una mirada triste, no había duda, mi hermano estaba enamorado.

 —Tal vez le dijiste algo malo…

 — ¿Algo malo como qué?

 —Como cuando me dijiste gorda hace un par de horas —dije haciendo un puchero y cruzándome de brazos

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