XIX. El curandero misterioso

240 28 1
                                    

XIX. El curandero misterioso

Habría preferido quedarme escondido por un buen rato.  Por lo menos hasta que Kenzo saliese de ahí.  Lamentablemente, tenía tiempo limitado.  Cliste me ha encomendado una misión, así que habiéndome asegurado de que Ibis ya se había ido, salgo de mi escondite prudentemente y camino hasta la guarida de Febo.

Antes de entrar me quedo parado, respiro profundamente y luego me meto.  Ahí encuentro a Febo sentado en una esquina y a Kenzo en el medio hablando con él en voz baja.  Ambos se quedan callados cuando ingreso.  Se me quedan mirando indecisos.

“Escuché lo que conversaron con Ibis”, digo sin mayor rodeo.  Considero que es lo mejor en esa situación.

Kenzo y Febo vacilan.  Se demoran unos segundos en reaccionar.

“Quizás sea lo mejor”, comenta de pronto Febo. “Verás, Ibis tiene su propia forma de expresar cariño.  Le cuesta mucho reconocer que quiere a otro gato.  Por eso hace esta clase de cosas”

Yo estoy confundido.

“¿Hizo esto porque estaba enamorada de alguien?”, pregunto tensando las piernas listo para huir de ahí.  Mi cola está erguida.

“Se podría decir que sí”, responde Febo. “El amor te hace actuar de manera extraña.  En el caso de Ibis, que es tan... fría..., sobre todo”

“Muchacho”, interviene Kenzo y yo lo miro fijamente.  No entiendo bien lo que se espera de mí en ese momento. “Debes entender que Ibis es especial.  No ha llegado al Consejo por casualidad.  Lo ha hecho manteniendo una cierta imagen.  No sabrá cómo reaccionar si sabe que tú te has enterado de su secreto”

“Pero... Por supuesto que voy a hacerlo público”, digo en voz baja. “¿Qué pretenden? Tengo que contárselo a Cliste”

“Oh, no creo que nos convenga eso, muchacho”, me dice Kenzo. “A Ibis no le va a gustar en lo más mínimo”

“Pues, supongo”, de pronto me siento un poco más valiente. “Pero es necesario”

“¿No crees que más bien lo va a distraer de su investigación?”, me pregunta Febo tranquilamente.  Esto me desconcierta, pero mantengo la cabeza fría.  Hay algo aquí que no cuadra.

“¿Para qué viniste, Dalton?”, pregunta Febo. “¿No deberías estar con Cliste dando vueltas por ahí?”

“Me envió para pedirles que le den un tiempo en la reunión del Consejo de mañana”, respondo de inmediato.  Sigo con las piernas listas para salir corriendo de ahí.  Pienso que si corro en línea recta Kenzo me podrá atrapar fácilmente, por lo que me conviene escabullirme entre los carros.  El problema sería hacia dónde correr luego. ¿En dónde estaría a salvo?

“¿En serio...? Pero... ¿Quiere eso decir que ya sabe quién fue el culpable?”, Kenzo no me quita de encima los ojos.  Yo no entiendo la pregunta.  Sobre la base de lo que he escuchado al llegar, no debería estar tan sorprendido. 

“No lo sé”, respondo sin decir más.  Febo se ríe.

“Clásico Cliste”, comenta. “Puede ser lo que quieras, pero nos entretiene”

“Pero, ¿sabe o no quién es el culpable?”, pregunta Kenzo subiendo el tono de voz.

Yo doy un par de pasos hacia atrás.  Me pone nervioso.  No sé qué creer.

“No lo sé.  Ya lo dije.  No tengo idea”, repito.

“¡Dimelo!”, grita Kenzo y está a punto de saltar encima de mí, pero una advertencia de Febo lo detiene.

“Kenzo”, dice simplemente. “Será mejor que te vayas.  Ve a avisar a los miembros del Consejo que mañana se anunciará al culpable.  Déjame a solas con el muchacho”

El gato negro no dice nada más.  Simplemente da media vuelta y sale del lugar.  Yo me quedo a solas con Febo.  Me mira y no me dice nada por un momento.  Luego sonríe y habla.

“Me parece que ha habido un malentendido.  Lo que escuchaste hace un momento... Lo que crees que se refiere al caso que está investigando Cliste... No tiene que ver con los envenenamientos.  Se trata de... Otra cosa.  Algo que Ibis prefiere que no se sepa”

“¿Algo que no tiene nada que ver conmigo o con mi familia, entonces?”, pregunto.

“Pues, sí.  Sí tiene que ver contigo y tu familia.  Pero no de la manera que crees.  Por el momento te recomiendo que lo dejes pasar.  Que no te preocupes de ello.  Continúa siendo asistente de Cliste.  Aprende todo lo que puedas de él.  Quizá puedas llegar a ser mejor detective que Cliste algún día.  Pero por el momento, deja ir a Ibis.  No te conviene por el momento indagar más en esa dirección”

Luego me hace un gesto que me indica que me vaya.  Yo prefiero no insistir.  He cumplido con mi misión y ahora solo queda encontrarme con Cliste.  Recién entonces caigo en cuenta de que no me ha indicado cómo nos volveremos a ver.  Cuál es el punto de encuentro.  

Saliendo de la guarida de Febo estoy confundido.  Decido que no tiene mucho sentido perder el tiempo en algo que no tiene solución, así que opto por regresar a la casa en la que dejé a Bianca.  Quiero ver cómo está y si todo va bien.  

Los gatos de MirafloresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora