CAPITULO: 02

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GAIL

Horas antes...

Me levantó de un sobresalto a causa del fuerte sonido de la alarma que retumba en mis oídos indicándome que ya es hora de levantarme.

Otro día más de trabajo. Otro día más de clases. La misma rutina de todos los días.

Miro el reloj que marcan las 6:30am y con pereza me levanto de cama para adentrarme en el baño y alistarme. Opto un pantalón negro, una blusa manga corta blanca y mis converse negras. Una vez lista me dirijo a la cocina para prepararme un rápido desayuno. Cereal con leche. No tengo tiempo para preparar algo más elaborado.

Me mude a Miami Beach a la edad de quince años junto a mi madre Alicia, debido a su trabajo. Dejando atrás nuestro país de origen Venezuela. Al principio no me fue nada fácil adaptarme a una nueva cultura y a un nuevo idioma. No dominaba para nada el inglés y eso me causo algunos inconvenientes en la secundaría. Por suerte en Miami habitan una gran población de latinos, así que todo no fue tan malo.

En cuánto terminé la secundaria, comencé a estudiar una carrera profesional que me gusta mucho. La fotografía. Ya solo me falta un año para graduarme y así poder trabajar en ello. Mientras tanto, no tenía más opción que trabajar en un café de medio turno, para así poder cubrir mis gastos. Debido a que mi madre hace un año decidió regresar a Venezuela, mientras que yo decidí quedarme para culminar mis estudios y quedar a cargo de la casa yo sola.

Luego de terminar mi desayuno, termino de alistarme, tomo mis pertenencias y emprendo el recorrido a mi trabajo. Como solo queda a unas cuatro cuadras de distancia decido caminar. A penas llego al café, saludo a mis compañeras de trabajo y me dispongo ir a mi casillero en busca del uniforme para cambiarme. Entre una orden y otra, pasando de una mesa a otra, va transcurriendo la mañana.

—Orden de la mesa cuatro lista.— informa Hannah. Es una de mis compañeras de trabajo y mejor amiga desde la secundaría.

—Yo la entregó.— le digo mientras me disponía a tomar la bandeja con dos cafés y una tarta de moras. Pero ella me lo impide.

—No. Deja que la lleve Ally.— demanda entregándole la bandeja a ella y yo frunzo el ceño confundida. —Mejor ve atender al cliente de la mesa siete.— me ordena al mismo tiempo que dirijo mi vista en dirección a la mesa que índica y en la cuál se encontraba un chico de tez blanca y cabello negro.

—¿Por qué siempre me quieres mandar con él?— le reclamó a la rubia de ojos verdes, volviendo mi vista hacía ella.

—El chico es lindo y se nota que está interesado en ti.— contesta.

—Yo vine a trabajar, no a buscar pareja Hannah.— replicó por lo que ella rueda los ojos, a la vez que me toma de los hombros y quedo frente a ella.

—Abigail. Ya deja las niñerías.— me dice y ahora soy yo quién rueda los ojos. —Ya vas a cumplir los veintidós años y aun no tienes novio. ¿Qué vas a esperar? Llegar a los cuarenta y quedarte criando gatos, como mi tía Marisol. Vieja, sola, fea y amargada...

—Si eres dramática.— le interrumpo.

—Dramática nada. Ve a atender al chico que ya tiene más de una semana seguida viniendo, esperando que se te ilumine el caminó, como dices tú.— espeta y a regaña diente me dirijo a la mesa siete donde se encuentra el chico.

¿En serio ese chico estará interesado en mí?

Mejor deja de pensar tonterías Gail y no te guíes por lo que dice Hannah.

Me aproximo a la mesa a paso lento, saco la pequeña libreta y el lápiz del bolsillo del delantal para tomar la orden. En cuánto llego a la mesa me dispongo a preguntarle que se le ofrece. Él se encontraba leyendo un libro el cual no distingo de que se trataba.

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika ©¡Lee esta historia GRATIS!