Capítulo 35 | Heridas abiertas

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Dedicado a famousfodd, gracias por ser una gran amiga y lectora.

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—Oh April, respira hondo. Intenta tranquilizarte—le comencé a decir acariciando su cabello anaranjado.

Sus ojos tan diferentes, me miraron suplicantes. Ambas nos entendíamos. Ella, al igual que yo, temía hacerle daño a alguien con su poder.

Otro trueno más sonó sobresaltándonos a todos.

—Ay madre, ¿Qué hacemos?—preguntó Malcom preocupado.

—Tenemos que tranquilizarla.

De repente, un grito hizo que mi corazón diera un vuelco. Y no fue de April, sino de Noah.

—¡Noah!—gritó el rubio corriendo hacia él.

Noah se encontraba de rodillas en el suelo, con ambas manos sujetando su cabeza, al igual que April. De su cuerpo, salían varias corrientes eléctricas.

—Está pasando por lo mismo—hablé con dificultad. Los nervios me estaban invadiendo. Incluso noté mis manos temblar.

—Yo...necesito...una distracción—susurró April con el pecho moviéndose con rapidez—. Eso...nos podría ayudar.

—Buena idea—intervinió Jayden—. Hay que entretenerles.

—Pero...¿Cómo lo haremos?—inquirió Nathan asustado.

Cerré mis ojos con fuerza mientras intentaba calmar mi ansiedad. Me levanté con lentitud observando como ambos amigos míos estaban en el suelo, sujetando con fuerza sus cabezas como si temieran que les estallara. Sentí mucha empatía por ellos. Y no por mi tipo de inteligencia emocional, sino porque había sufrido lo mismo.

Aclaré mi garganta, y con tono suave y firme, abrí mi boca con algo de inseguridad por lo que tenía en mente:

—Hay un odio profundo,
uno inmenso, agotador,
es el de ellos, no en mi mundo,
mi mundo es muy protector.

»Hay ojos rojos, sedientos,
gargantas secas, palabras sin salir,
corazones revueltos,
y mucho que decir.

Nunca se sabe cuando uno explota,
o cuando uno llora,
las lágrimas suelen ser frías,
así sin más.

Los corazones secos,
el pecho hueco,
y el cerebro muerto.

Hay miedo, mucho miedo,
en cada mente,
siempre hay un enredo,
sin fin, sin gente.

Pero hay que sobrevivir.

Toma una mano,
abraza con un inhalo,
sonríele al miedo,
vive porque se puede.

Y sé fuerte.«

Al finalizar el poema, ambos ojos azules brillantes, me miraron con una expresión que no supe entender bien. De hecho, todos me observaban en silencio.

INEFABLE ©¡Lee esta historia GRATIS!