8. Búsqueda

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El timbre dejó de sonar y calzándome los zapatos tan rápido como pude, me apresuré a la sala de Paula. Quería ver si lograba interceptarla antes que saliera a buscarme, pero la enfermería (muy conveniente en caso de accidentes) quedaba al otro extremo del colegio; por lo que llegar me tomó bastante más tiempo del que me hubiese gustado.

—¿Está Paula aquí? —pregunté al primer compañero que vi afuera de su sala al llegar, pero sin esperar su respuesta entré igual.

—Paula fue de las primeras en salir —me respondió el chico, asomándose detrás de mí, extrañado por mi actitud—. Si quieres le digo que la estás buscando.

—No es necesario. —respondí, dándome la vuelta.

—Pero, ¿Quién le digo que la busca? —Insistió, ahora bloqueando la salida de la sala con su cuerpo. A pesar de su edad era casi tan alto como yo. ¿Quién mierda se creía este tipo?

—Soy su hermano. ¿Me dejas pasar? —respondí perdiendo la paciencia, dispuesto a abrirme el paso yo mismo.

—¡Ahh! ¡Tú eres Alex! ¡Su hermano! —repitió nervioso, ahora invitándome a salir—. ¡Disculpa! Si la veo le diré que pasaste por acá. —dijo deshaciéndose en disculpas, mientras yo ya lo dejaba atrás. No podía seguir perdiendo el tiempo con un claro pretendiente de Paula.

Todo parecía interferir en mi afán de encontrarla, y yo solo rogaba alcanzar a localizarla antes que Anton. Fuese o no capaz de borrar la memoria, no iba a tomar ese riesgo con mi hermana.

Cuando llegué a mi sala, Joto era de los pocos que se encontraban aún adentro. Ni mi hermana ni Anton estaban ahí.

—¡Alex! ¿Ya te sientes mejor?—me preguntó Joto apenas me vio, acercándose a mí mientras iba viendo algo en su celular. Amelia, su mejor amiga estaba sentada detrás de él, revisando el suyo.

—Sí, ¿Sabes si vino mi hermana por acá? ¿Una niña de pelo castaño, como yo, con flequillo y cabello relativamente largo? —le pregunté con urgencia.

—Obvio que conozco a tu hermana, Alex. Soy tu amigo desde la infancia. —Me respondió ofendido—. Y sí, vino hace un rato buscándote, pero...

—¿Y sabes si estaba Anton cuando vino? —Lo interrumpí, nervioso.

—Parece que no, pero...

—OK, no te preocupes ¡Nos vemos luego! —dije abandonando la sala. Estaba demasiado preocupado por encontrarla como para preocuparme por ser cortés.

Bajé al patio y para mi alivio bastó solo un momento para encontrar a Paula conversando junto a dos de sus compañeras.

—¡Alex! ¿Cómo te fue? —me preguntó entusiasmada al verme, excusándose con sus amigas—. Te estuve buscando, pero claramente no te encontré —Se rió—. ¿Cómo te fue con los anuarios?

—Sí, de eso quería hablarte. ¿Me acompañas un momento? —dije, guiándola a un lugar más apartado. Paula no puso objeciones. Parecía emocionarle que tratara todo con tanto misterio.

—¿No has visto aún a Anton, verdad? —le pregunté, mientras nos ubicábamos en un sector en el que no había donde sentarse, pero tampoco mucho tránsito de gente.

—Mmm. Creo que no. Por como me lo describiste creo que me habría dado cuenta si me lo hubiese topado. ¿Oye, pero me vas a contar cómo te fue con los anuarios? —Paula no podía pasar mucho tiempo esperando que le contaran una exclusiva.

—No vas a poder creerlo. —comencé, y eso le encendió la cara como si abriera un regalo de navidad—. Apenas le mostré los anuarios a Solae, las fotos cambiaron. ¡Ahora Anton aparece en todas las fotos!

No me conoces, pero soy tu mejor amigo¡Lee esta historia GRATIS!