Sin rumbo

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Todos repetían por activa y pasiva que nunca, jamás, llegaría a nada en mi vida.

Decenas de profesores, me daban por perdida. No valía la pena enseñarme.

Solo entendía una cosa, ellos se equivocaban.

No había encontrado mi vocación, ninguna carrera me llamaba la atención lo suficiente para estudiarla. No ponía empeño en mis estudios porque no me interesaba. ¿Encontraría mi sitio algún día?

Había tonteaba con varios empleos sin ningún éxito. Me gusta cocinar y probé en un restaurante; la gente me gustaba, así que, durante un tiempo fui camarera. La moda era algo que me atraía, estuve de dependienta unos meses sin que llegara a sentir que ese era mi empleo para toda la vida.
Uno de mis empleos favoritos fue el de repostera. Me gustaban los dulces, se me daba bien hacerlos, pero se volvió todo tan mecánico, siempre lo mismo y sin posibilidad de innovar por lo que acabé dejándolo.

Mi familia me daba por perdida también. Me habían apoyado en cada decisión, pero al final todo fueron reproches.

"Ya eres mayor", "tienes que empezar a mantenerte por tu cuenta", " ya tienes edad para casarte y tener hijos" estaban entre las frases más bonitas que me habían dedicado.

Un día, decidí hacer lo que tantas veces me habían sugerido.

Preparé una maleta, retiré mis ahorros del banco y de mis huchas y me compré un billete a la parte más lejana del país. No conocía a nadie, no tenía trabajo y mis ahorros solo llegarían para un par de meses...

¿Qué era lo que estaba por llegar?


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