Capítulo IV: Tierra quemada

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Cuando abrió los ojos, tardó en darse cuenta de que realmente estaba despierto... y que estaba tendido en el suelo. Eso lo tomó por sorpresa. Sintió su espalda como si hubiese estado apoyada en una pared de yeso en lugar de un piso de madera maciza. Sin embargo, seguía sin creerse que había estado en el piso; algo completamente inesperado. TaeHyung respiró profundamente y exhaló lentamente por la boca, cerrando sus ojos en el proceso. Su corazón palpitaba frenéticamente en su pecho y no era difícil de saber la razón. Acababa de tener una pesadilla. Una muy mala. Se había alterado mientras dormía, terminando en el suelo como una estrella de mar, con los brazos y piernas extendidos. La camisa se había levantado hasta las costillas. El aire se sentía bastante frío en su abdomen desnudo, pero no tanto como la madera que había debajo de sus muslos y espalda. En algún lugar en el piso, juntos con las finas mantas, debían estar sus pantalones, completamente arrugados. Quizás estaban en el escritorio al otro lado de la habitación. No estaba seguro. Cabía la posibilidad de que los tuviese enredados en su cabeza.

TaeHyung no estaba sorprendido de haber tenido una pesadilla durante la noche, ¿o en la mañana? No había sido de Do —el hombre que fue estrangulado a muerte— como hubiese esperado. No, TaeHyung resultó ser el de la mala suerte. Lo recordaba vívidamente. En su pesadilla, había sido azotado contra una pared —como la noche anterior—, la primera vez para que su mejilla rebotara en el yeso y la segunda para por fin ser volteado. Intentó defenderse, gritó y suplicó, pero no fue escuchado por Nam. Ni una sola vez. Atacó con sus puños y ningún golpe llegó a su destino. Pataleó y se retorció para tratar de zafarse, pero todo fue en vano. Nam soltó sus cabellos para tomarlo de su garganta, con la otra mano jaló hacia abajo sus pantalones. Después la ropa interior.

Resultó ser de esas pesadillas que se percibían reales e incluso después de despertar era difícil de procesar el hecho de que no había ocurrido. Cuando los dedos de Nam se cerraron con fuerza en su garganta y respirar se volvía difícil, TaeHyung pensó que en verdad iba a morir. En su cabeza parecía crecer una gran presión, pero que no le impidió sentir todo. Cuando Nam había vuelto a tirar hacia abajo sus pantalones y luego bajó la cremallera de sus propios pantalones, Tae supo lo que se avecinaba.

Usar el término «deslizar» no le pareció acertado. No, para TaeHyung era «apuñalar». Sí, había sentido la sensación punzante del pene de Nam enterrándose en su interior como un cuchillo. Segundos después de eso, se había despertado aun percibiendo la sensación y preguntándose si en verdad un cuchillo estaba enterrado dentro de él. El dolor fue tanto que lo creyó real. Seis pulgadas de acero frío y afilado. La idea fue suficiente para tener el impulso de hacerse ovillo. Afortunadamente no había sucedido. Sabía que no, porque había sido... bueno, supuso que había sido rescatado por Woo.

TaeHyung extendió su mano para tocar su frente y sus dedos le parecieron cálidos. Había sudor y aún no se había enfriado. Después de unos segundos, lo limpió con la palma de su mano y luego abrió los ojos. Lo primero que vio fue el techo de un blanco impecable. No estaba en la habitación de la pensión, pues ese techo estaba cubierto de grietas y manchas de tabaco, pero el que estaba viendo en ese instante no tenía mancha alguna. No obstante, había algo particularmente inusual, y le tomó un poco vislumbrar que se trataba de un espejo.

Había un espejo en el techo. ¿Cuál era su propósito?

Frunció su ceño, observando el reflejo ligeramente distorsionado de la cama. Podía ver las sábanas terriblemente arrugadas. Una de las muchas almohadas faltaba y presumiblemente estaba con él en el piso. Giró la cabeza y la vio del otro lado de la cama. Probablemente cubierta de sudor al igual que su frente y camisa. Tardó en procesar todo antes de volver a mirar hacia el techo, entonces comprendió el propósito del espejo.

Claro, era para observar.

TaeHyung se sentó, emitiendo un gruñido, alzando sus manos para tallarse primero sus ojos y después sobarse las sienes. Su cabeza dolía y no estaba alarmado por ello. JungKook le hizo beber casi toda una botella de champán la noche anterior mientras conversaban. Probablemente no fue mucho alcohol, pero lo suficiente para recordar vagamente que había accedido a hacer algo. Le echó una mirada a la habitación sólo para darse cuenta de que era malditamente impresionante. El departamento era grande, toda una gran habitación con excepción del baño que estaba enfrente de la cama. La cocina estaba separada por una barra que servía tanto como mesa como una pequeña pared divisora. Había tres taburetes a lo largo de la barra, hechos al parecer de cromo y cuero negro. TaeHyung giró su cabeza para mirar el resto de la habitación. La sala de estar tenía un solo sofá frente a una gran pantalla. A ojos de Tae no parecía una TV, pero aún no podía descifrar qué más podría ser. Una mesa de vidrio estaba frente al sofá, completamente vacía. En la esquina había una planta alta con flores bonitas. Hmmm, eso era interesante. ¿Acaso sería su estación de trabajo? ¿Era el lugar donde se quedaría y trabajaría?

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