Capítulo X (completo)

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Eran las nueve de la mañana cuando Ángel llegó a su casa, la Sra. Claudia su mamá, lo recibió con un suculento desayuno, no lo veía desde que saliera el sábado anterior en la mañana, y deseaba saber todo lo que había pasado en su ausencia, pero verlo llegar con una maleta al hombro no le dio muy buenas esperanzas, se sentó frente a él en el comedor mientras comía y sin poder aguantar el deseo de preguntarle, le comentó lo que había estado pensando los últimos días, su deseo de que las cosas entre él y Jeyko finalmente se arreglaran, y como había comentado con su esposo lo importante que podría ser para él, ser finalmente el padrino de Jeyko, pero Ángel no hizo ningún comentario sobre lo dicho por ella, tampoco contestó ninguna de sus preguntas ni del contenido de la maleta, solo se limitó a besarle en la frente y luego de haber terminado de desayunar pasó a encerrarse en su cuarto, tal y como lo había hecho los últimos meses, ella intentó entrar pero la puerta como era de esperarse estaba cerrada con llave, intentó escuchar lo que pasaba dentro de la improvisada habitación, pero ningún sonido llegó a sus oídos.

Jeyko intentó llamar a Ángel en varias ocasiones, el teléfono repicaba varias veces pero no le contestaba, en todo caso no sabría qué decirle si lo hacía, en la mañana se había despertado conmocionado por lo que había sucedido la noche anterior, quería verle, platicar con él lo sucedido, no esperaba ninguna clase de explicación, solo quería hacerle saber que de alguna forma, él se sentía del mismo modo, aun cuando no lo entendiera, pero luego de no encontrarlo y de ver que muchas de sus cosas se habían ido con él, sintió la necesidad de pelearle, reclamarle por haberse llevado las cosas así de su apartamento sin siquiera avisarle, cualquier excusa que sirviera para llamar su atención. En la tarde, al terminar su turno en la pastelería, volvió a llamarle, pero de nuevo no recibió respuesta, su aparente enojo de la mañana se había esfumado, y había sido reemplazado por una especie de preocupación y ansiedad. Cuando la llamada se fue finalmente a correo de voz, como todas las veces anteriores ese mismo día, la llamada de Andrea entró en su celular, le contestó más por cortesía que por que realmente quisiera hablar con ella, sabía que se mofaría de él si le contaba que Ángel había vuelto a irse, y que esta vez se había llevado alguna de sus cosas con él, tampoco podría contarle el cómo le había presionado empujándolo a hacer algo que posiblemente en realidad no quería hacer, no le podía decir, que la había engañado, con su amigo de toda la vida, con un hombre, y menos que en ese momento lo que más le interesaba era encontrarlo y poder hablar con él, así que la conversación fue tosca y fría de su parte, le dejo saber que esa noche tampoco podría ir a verlo, y que él la llamaría cuando fuera posible, tal cual se lo había dicho la noche anterior.

Andrea no lo tomó bien, de nuevo a pesar de saber que Ángel no estaba cerca Jeyko le contestaba de ese modo tan hiriente, estaba a tan solo días de casarse y él seguía poniéndola detrás de él, como si su presencia fuera más importante que ella, su cercanía más necesaria que la suya, y le dolía, le dolía no haber podido superar ese único obstáculo que había estado en su relación desde el principio.

Ángel miraba incrédulo el celular, luego de que saliera de su casa imaginó que no le buscaría, menos después de lo sucedido la noche anterior, pero al contrario Jeyko le llamaba incesante y Ángel a pesar de querer contestarle, de querer saber lo que tenía que decir, no pudo más que evitarlo, temía que su único motivo para llamarle fuera un reclamo que terminaría por herirle más, o una sátira de insultos que finalmente le llevarían al mismo punto, Jeyko le había respondido pero eso no quitaba el hecho de que él no fuera gay, de que fueran amigos desde la infancia y pudiera ver ese beso como un ataque a su amistad, o lo que era peor, la forma de convencerlo de no casarse, que ciertamente era lo que menos le interesaba hacer, porque luego de reconocerse a sí mismo, de entender lo que le pasaba, sabía que lo menos que podía hacer era causarle daño a la única persona que realmente le importaba.

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