Capítulo 30 | La libertad cuesta

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MARATÓN 2/4

—¿Y ahora qué?—inquirió Derek respirando agitadamente.

—Ese coche de ahí es lo suficientemente grande para todos—Irina señaló uno.

El coche era bastante grande, de color negro al igual que los cristales y disponía de unas ruedas enormes.

Nos dirigimos hacia el coche, cuando la alarma que comenzó todo, paró unos segundos. Todos dejamos de caminar mirándonos confundidos. Segundos después, sonó de nuevo otra alarma, más intensa que la anterior.

—¡Venga, venga, venga!—gritó Irina dándonos prisa.

La puerta del garaje se abrió, y aparecieron los mellizos escoltas de Kara, junto a ella. Ambos nos señalaban con una pistola. Y no era eléctrica. Era distinta.

—Ni se os ocurra—dijo Kara con la voz dura. Sus ojos se centraron en Irina—. No me esperaba esto de tí, Irina.

—Lo sé—contestó ella con firmeza—, pero yo tampoco esperaba que fueráis unos monstruos. ¿Lo sabías?

Kara rió con falsedad. Asintió con la cabeza dando una señal a sus guardias, y estos comenzaron a disparar. Todos nos agachamos corriendo hacia el coche logrando no ser heridos por ello.

Todo el rato miraba a Noah. Temía que los disparos le alcanzaran. Suspiré de alivio en cuanto vi su pecho moverse.

Irina abrió la enorme puerta del coche. Ni siquiera me enteré de cómo hizo que el coche estuviera libre y no cerrado. Primero entró Derek junto a Noah. El rostro de Derek se encontraba pálido, y seguía manteniendo la mandíbula apretada.

Jayden se giró y envió una ráfaga de viento hacia los mellizos. Estos lo esquivaron y se fueron hacia un lado corriendo en su dirección. Danna le dio una patada seguida de un puñetazo. Jayden se retorció del dolor, pero por suerte April apareció a su lado defendiéndole.

Daniel, siguió disparando hacia nosotros. En nada, todos a excepción de April, Jayden y yo nos encontrábamos fuera del coche.

—¡Chicos! ¡Ya!—gritó Irina.

No sé por qué ni cómo. Pero me giré viendo una bala viniendo hacia mí. Se paró ante mi mirada. Daniel me miraba sin expresión alguna, bajando su arma.

—¡Noah está sangrando!—la voz de Malcom me desconcentró haciendo que girara. Y fue cuando el segundo disparo de parte de Daniel, me alcanzó por la espalda.

Me caí al suelo sintiendo un dolor horrible en mi pecho y en mi espalda. Una corriente eléctrica me atacó por dentro con fuerza. Me había equivocado, las pistolas sí eran eléctricas.

INEFABLE ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora