5. Sonrisa de oro

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El conocer a los padres de Gerard había sido agradable aunque algo estresante a la vez para Frank.
El padre de Gerard parecía muy serio aunque en realidad era bastante agradable cuando comenzabas a ganar su confianza. Aunque claro no faltó que hiciera un par de amenazas sobre si alguien lastimaba a su princesa y le rompía el corazón. Al parecer Gerard era su mayor tesoro al igual que el hermano de este que por lo que sabía tenía como nombre Michael, aunque este no estuvo durante la cena.
La madre de Gerard podría decirse que era la mujer mas encantadora que alguien podría conocer, ahora Frank sabía de donde viene el encanto de Gerard. La mujer era realmente bonita y estaba bastante conservada para su edad, ahora también sabía de donde Gerard era tan hermoso. También heredó la dulzura y alegría de esta.
Al terminar la cena la cual fue bastante agradable entre platicas y más indirectas de muerte (en forma de broma) por parte del padre de Gerard, Frank tuvo que irse a casa. Su madre ya había llamado pero al saber donde estaba no se había molestado.
Gerard había salido a despedirlo a la puerta donde él se subió a su auto para irse a su casa, no sin antes dejar un tierno beso en la frente del pelinegro y un sonrojo muy notable en sus mejillas.

Al entrar de nuevo a la casa Gerard tuvo que aguantar a sus padres queriendo hablarle de Frank, pero para su suerte el chico había dejado una buena impresión. Su padre seguía con aquello de que si llegaba a hacerle algo solamente tenía que decirle y su madre, su madre quería que lo llevara a casa de nuevo.

Al día siguiente en los pasillos de la institución no se sentía con tanto miedo Gerard, por alguna razón estaba caminando bastante tranquilo.
Su atuendo ese día consistía en una falda azul oscuro en el mismo estilo de las anteriores y una blusa con magas largas en color blanco. Su típica bufanda de siempre y un par de converse azules a juego con la falda.
Esa mañana había puesto una leve capa de brillo transparente en sus rosados labios y una mínima apenas visible de rímel en sus pestañas.
Buscó su casillero y sacó lo que debía cuando sintió unos brazos envolverse al rededor de su cintura. Se giró sonriendo pensando que era Frank pero su sorpresa fue otra cuando no encontró ojos avellana sino ojos azules viéndolo.

—¿Dallon? Qué...qué haces...aquí...—su voz sonó nerviosa porque realmente mentiría si dijera que Dallon no le ponía nervioso.
—Nada, solo pasaba por aquí y vi una belleza caminar por el pasillo. —Gerard quedó con la espalda pegada a su casillero y Dallon bastante cerca con ambos brazos a cada lado de su cabeza.
—¿Qué quieres...? Si vas a golpearme hazlo...
—No voy a golpearte, nunca lo eh hecho. Ya te dije...tal vez solo quiera divertirme un rato, vamos sé como me ves en los partidos. —Acarició su mejilla y Gerard movió leve el rostro.
—No, Dallon muévete por favor. No estoy interesado, tienes novia y es una odiosa conmigo. Tengo que irme...
—Vamos...podemos perdernos en los baños...—se acercó más a su rostro pero Gerard intentó alejarlo sin éxito.
—Déjame en paz Dallon, no quiero vete.
—¿Estás seguro? Puedo hacerte sentir muy bien...—una mano se posó en su cintura queriendo bajar más allá. Gerard estaba asustado.
—Creo que ya te a dicho que  no le interesa. ¿Acaso no escuchaste? No quiere. —Dallon se alejó un poco para ver quien hablaba. Gerard aprovechó para quitarse por completo agradeciendo que Frank hubiese llegado.
—¡Frank! Tranquilo...no le estaba haciendo nada. Por lo menos no todavía. —Sonrió de lado y le guiñó un ojo a Gerard antes de irse. Pasando a un lado del castaño sin prestarle mayor atención.
—Te estaba molestando. ¿Te hizo algo? ¿Estás bien? —Frank le miró preocupado acercándose y tomándole del rostro.
—Sí, estaba molestando, pero estoy bien. Gracias por venir. —Frank sonrió.
—Si te molesta dímelo ¿está bien?
—Sí, por supuesto —suspiró y sonrió en respuesta.
—Te ves hermoso ¿sabes?
—¿Acaso todos los días dirás eso?
—Creo que todos los días te ves hermoso. Incluso recién levantado has de verte así, así que probablemente lo diga todos los días.
—Eres muy lindo por decir esas cosas.
—¿Quieres acompañarme a la cafetería? Te compraré un jugo de fresa. —Gerard río.
—Creo que por ahora prefiero un café.
—Bueno, entonces te compraré un jugo en el almuerzo. —Ambos sonrieron y caminaron juntos.

Cheerleader (Frerard) ¡Lee esta historia GRATIS!