6. Evidencia

15.3K 1.8K 263


Apenas llegué a la casa, lancé mi mochila en el sillón de la entrada, anuncié mi presencia a gritos y entré corriendo a mi habitación, dejando atrás la voz de mi hermana que gritaba algo que no logré, ni me molesté en entender.

Subí a mi cama para alcanzar la repisa más alta de la estantería donde guardaba cosas que rara vez utilizaba del colegio. Sin duda tenían que estar ahí.

—¿Buscas algo? —La voz de mi hermana, quien me había seguido hasta mi habitación, sonaba molesta. Seguramente por la forma en que entré sin apenas saludar.

Sin girarme siquiera, ignoré su pregunta y continué con mi búsqueda. No me gustaba responder preguntas obvias. Necesitaba encontrar los anuarios y para eso necesitaba privacidad y concentración.

—No te hagas el sordo, sé que me escuchaste. —me increpó, acercándose a mí.

—Si no te respondí, es porque estoy ocupado, Paula. —Devolví de un golpe los libros que estaba revisando. Había terminado de inspeccionar visualmente la repisa superior, pero los anuarios no parecían estar ahí.

Me bajé de la cama y empecé a abrir y cerrar cajones, cuando sentí un fuerte portazo detrás de mí. Pude imaginar a Paula escupiendo fuego por la boca.

Estuve cerca de una hora buscando los condenados anuarios, sin éxito. Fue mi estómago el que me suplicó que hiciera una pausa para comer algo y retomar después, a lo que me vi obligado a acceder. Cuando bajé a la cocina, Paula ya había terminado de tomar su té y guardaba los comestibles. Quise reclamarle por no haberme esperado, pero tuve que tragarme mi queja. Después de todo, no había sido un modelo de amabilidad con ella. En silencio empecé a sacar de nuevo las cosas del refrigerador y de la despensa, cuando Paula me volvió a hablar.

—¿Pasó algo con Solae? ¿Cómo es que no estás con ella?

Me volteé y la miré atónito, desafiándola a que me repitiera la pregunta. ¿Acaso Paula sí recordaba mi amistad con Solae?

—¿Qué te pasa que estás tan raro? ¿Por qué me miras así? —me preguntó, con una mueca de disgusto al ver mi expresión. Con mi hermana menor no éramos precisamente muy unidos ni comunicativos.

—¿Estás hablando de Solae, mi mejor amiga, verdad? —le pregunté poniéndome frente a ella, ilusionado de por fin encontrar a alguien que me entendiera.

—Tu única amiga, querrás decir. —respondió, pero ignoré su sarcasmo.

—¡No, en serio, Paula! Necesito que me digas que Solae es mi mejor amiga. —le pedí poniendo mis manos sobre sus hombros, con cara suplicante.

—¿Me estás tomando el pelo, verdad? —dijo zafándose de mí y dirigiéndose a la salida de la cocina. —Ahora yo no tengo tiempo para tus tonteras.

Odiaba admitirlo, pero necesitaba la ayuda de mi hermana y al parecer tendría que tragarme un poco de mi orgullo si quería conseguir su cooperación.

—Los anuarios. Estoy buscando los anuarios. —le grité, cediendo al fin. Mi hermana era súper cotilla. Sabía que si le entregaba información más personal podría hacerla colaborar. Y no me equivoqué. Logré que se volteara y sus ojos se agrandaran brillantes de curiosidad.

—¿Y para qué necesitas los anuarios con tanta urgencia? —Había empezado su interrogatorio.

—Si me ayudas a encontrarlos y me respondes algunas preguntas sobre Solae, te cuento.

—¡Ahá! Ahora entiendo todo. Por fin te diste cuenta que estás enamorado de ella. Aunque todo esto de los anuarios... ¿Es para preparar una especie de confesión?

No me conoces, pero soy tu mejor amigo¡Lee esta historia GRATIS!