Capítulo 4.2-Elixir

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Karen Cavendish saboreó el agridulce ruego de Asher sobrepasando todo tipo de respuestas posibles des de  "no pares"  hasta un "detente". No disponía de la claridad ni la equidad mental como para dar una respuesta conveniente a la situación. Tan sólo sentía que estar entre los brazos de ese ruin y vil rastrero era como tocar con las puntas de los dedos el mismísimo paraíso y que  detener esa corriente energética que corría y se aferraba entre los dos,equivalía a un ataque de autodestrucción , a un golpe duro a sus funciones vitales y a un atentado contra todas aquellas novelas que escribían páginas y páginas de amor y de lujuria.Sin embargo, no era una novela romántica si no que era ella misma a punto de tomar una decisión sin retorno con grandes consecuencias para su realidad y junto a uno de los hombres que menos podía ayudarla en sus objetivos.

El recuerdo de Gigi fugándose y abandonándolo todo por Thomas Peyton le sobrevino a la mente como si la Divinidad quisiera guiarla.El proceso para llegar a ser una mujer independiente y experimentada no pasaba por las manos de un matrimonio forzado a raíz de una noche de disfrute, no obstante, era demasiado soberbia como para pedir algo así que tan sólo lo exigiría. 

El conde de Derby ,aún recostado entre el pecho de la nigromántica oyó por toda respuesta a su petición el sonido de un gatillo en su nuca, detuvo su éxtasis para clavar una mirada indescriptible en las orbes que aún centelleaban de placer y que si no fuera por el frío del cañón que sentía en su cogote diría que demandaban que no se detuviese y que continuara sobre ella e incluso dentro de ella. 

-¿Cómo?-sintió curiosidad Asher apartándose poco a poco de ese cuerpo pecaminoso tal y como le estaba siendo ordenado por un simple movimiento de mano lateral.

-Olvidaste mis tobillos- Karen se irguió de entre las sábanas masculinas y recompuso su vestido sin parar de apuntar a su infame atacante que la miraba impávido 

-Puedes bajar el arma, no es necesario que me apuntes- adujo el almirante imitando a la joven, estirando el cuello de la camisa y pasando la mano entre sus mechones dorados con la intención de peinarlos. 

-¿Está seguro? Le recuerdo que hace tan sólo unos minutos me ha empujado al interior de esta guarida en la que ha echo el intento frustrado de desarmarme para luego...

-¿Luego qué?-interrogó él acercándose a ella con pasos intimidatorios y empujando sin ningún esfuerzo la mano que sostenía el arma hacía un lado, sus pasos eran estudiados, calculados. Por un momento, podía parecerse a su mejor amigo Edwin, pero Edwin estaba dotado de un cinismo y un humor característicos así como de una despreocupación innata hacía  todo y con todo; mientras que Asher, parecía querer tenerlo todo dominado, no había espacio para el humor ni la vacilación así como tampoco para la despreocupación. Su rostro se mantenía siempre serio y a penas, por no decir nunca, lo veían sonreír y reír quedaba lejos. 

-¿Usted nunca sonríe?- preguntó sin saber el motivo Karen mientras enfundaba su revólver de nuevo en el tobillo. 

-¿Y usted es siempre tan desconfiada? ¿Para qué necesita todas esas armas? ¿Es sólo un juego de niñas o realmente siente que está en constante peligro? 

-Digamos que no me gusta quedar a la merced de las decisiones o exigencias de los demás y como mi cuerpo y mi condición femenina no ayudan a hacerme respetar, necesito de un ligero respaldo...además- sus ojos chispearon- amo las armas, aunque mi favorita es el arco...- no entendía que hacía hablando tanto ni si quiera que hacía hablando aún, el aroma de Asher seguía impregnado en su ropa, en su pelo y su respiración no estaba lo suficiente lejos como para no sentirse extasiada con ella. Su presencia, le provocaba un anhelo desconocido. Sin querer alargar más la conversación ni el hastío se dirigió hacia la puerta dispuesta a salir, no obstante el ruido de unos pasos la hicieron permanecer en el lugar, no quería que la vieran salir de esa recámara por nada del mundo, ni si quiera si su vida dependía de ello o la habitación empezara a arder. 

Ojos del anochecer ( III Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!