XI

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Hannah no entendía muy bien lo que estaba sucediendo. Elias se había vuelto loco momentáneamente, alzando la voz sobre reportarlos. Al parecer, era porque había anochecido, y era el síndrome del ocaso. Los pacientes con demencia pierden sus facultades al anochecer, había dicho Lydia, como si fuera totalmente obvio para todos los demás. Aún más extraño, Lydia lo había calmado hablándole de ecuaciones, y al parecer le había ayudado a recobrar la cordura porque cuando Lydia lo llamó Elias él había respondido, molesto:

—Soy el señor Stilinski. ¿Quién diablos son ustedes?

—¿Sabes que Scott no es tu hijo? —preguntó Lydia seriamente.

—Claro que sé eso —dijo burlón, ofendido—. ¿Sus cerebros son más pequeños que sus faldas?

—Malia, tranquila —murmuró Scott, viendo como la chica comenzaba a tensarse.

—Lo dice el viejo demente, Malia. No te lo tomes personal —farfulló Hannah por lo bajo.

—Eres ese muchacho McCall —dijo Elias, mirando a Scott.

—¿Me conoce? —preguntó Scott, extrañado.

—Conozco a tu papá. No sabía controlar lo que bebía y no supo mantener el anillo de bodas en su dedo. En cuanto veía a una chica bonita, puf, el anillo desaparecía como por arte de magia.

Hannah puso su mano sobre el hombro de Scott, en una muestra silenciosa de apoyo. Malia manifestó su apoyo de otra manera, gruñéndole al señor Stilinski.

—¿Nos conoce a todos? —preguntó Lydia tranquilamente.

—Eres la hija de Natalie Martin, ¿verdad? —Elias la señaló—. Te pareces a ella. También solía ser bonita.

—Deje de hablar —gruñó Malia, iluminando sus ojos de azul inconscientemente.

—Oye, Malia... —dijo Scott, poniéndose de pie. Elias siguió hablando:

—También le gustaba hablar como si fuese la más lista del lugar —miró a Hannah—. Y tú... me resultas familiar.

Malia gruñó antes de que pudiese decirle algo a Hannah, sacando las garras.

—¡Ya! ¡Estoy harta! ¡No vamos a llegar a nada aquí! —exclamó Hannah, sintiéndose las lágrimas de rabia y fracaso amenazando con salir—. Señor Stilinski, puede irse a la mierda.

—Oh, ya sé de dónde te conozco —murmuró Elias, entrecerrando a los ojos—. Me dijiste exactamente esas palabras cuando viniste aquí con...

Hannah palideció como si hubiese visto un fantasma. 

—¿Con quién?

—¡Basta! —gritó el sheriff, entrando de la nada sobresaltando a todos. Hannah tragó saliva, inconscientemente poniéndose al lado de Scott.

—Sheriff, nosotros... —balbuceó Scott.

—Les pedí explícitamente que no vinieran aquí —lo cortó—. ¿Y quién atacó a un miembro del personal?

—Fui yo —mintió Hannah, dando un paso al frente. El recepcionista negó con la cabeza.

—Fue ella —dijo temeroso, señalando a Malia, la cual gruñó guturalmente.

—¿En qué diablos estaban pensando? —exclamó el sheriff, molesto.

—Noah, solo estábamos teniendo una buena conversación —intervino Elias, su padre.

—Ustedes cuatro, afuera. Ahora —todos obedecieron, tomando sus cosas y saliendo lentamente.

—¡Noah! —el sheriff también hizo ademan de irse, dándole la espalda a su padre, lo que pareció molestar a Elias—. ¡Así es! —El sheriff se quedó estático—. Actúa como si no estuviera aquí. ¡Ahora vuelve con tu esposa muerta y tu hijo el perdedor!

Missing /teen wolf |running #6|¡Lee esta historia GRATIS!