Capítulo 27 | No seguimos órdenes

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Dedicado a DesSalguero, echadle un vistazo a sus dos obras: Ojos de girasol (romance) y Lu Maggie y el comienzo de una aventura(aventuras)


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Narra Reese

Abrimos la puerta de la habitación de Malcom, encontrándonos con Noah, Nathan y otro chico más, que se me quedó mirando fijamente. Noah estaba sentado en la cama con ambas manos sujetando su nuca, Nathan se encontraba de pie con los brazos cruzados, y el otro chico estaba a su lado con el cuerpo tenso.

Noah al verme, se levantó de la cama acercándose a mí.

—Reese—dijo en un susurro, y después sonrió—, me alegro mucho de que hayas cumplido con tu papel. ¿Estás bien?

Asentí con la cabeza varias veces, mientras esbozaba una sonrisa imitándolo.

—Hey—saludó Jayden alzando la mano para luego bajarla.

—Tú eres Jayden, ¿Cierto?—preguntó Noah sin perder la sonrisa. Jayden asintió sonriente—. Me das más esperanzas, chico.

Jayden rió.

—Ya, lo sé. Todos me aman—contestó orgulloso—. Y tú eres el amigo telepático, ¿Cierto?

Noah rodó los ojos divertido mientras asentía, y Nathan se acercó a nosotros.

—Encantado, yo me llamo Nathan—se presentó sonriendo débilmente.

Mis ojos se centraron en el chico que se mantenía lejos de nosotros. Era unos centímetros más alto que yo, con el cabello negro azabache, y los ojos verdes claros. Eso viéndolo de lejos. De cerca, a saber si tenía una mezcla extraña entre azul claro y verde. Su rostro se encontraba pálido, tenía dos bolsas negras bajo sus ojos como si no hubiera dormido desde hace semanas, y vestía únicamente con una bata azul al igual que yo.

En cuanto me di cuenta por fin que debajo de la bata no llevaba absolutamente nada, me sentí incómoda.

—Hola—me acerqué al chico con tímidez. Noté los tres pares de ojos fijados en mí—Hijo de Alex Smith, ¿No?

El chico suspiró ladeando su cabeza con una expresión divertida en su rostro.

—Sí—afirmó—. Connor Smith.

—Encantada—sonreí—Yo...

—Sí, lo sé. Reese Haynes. Conozco la historia de tus padres.

Mi sonrisa decayó. Me sentí triste. Todos conocían lo que le habían ocurrido a mis padres, y yo era la última en enterarse. Intenté mantenerme serena para no llorar, así que me giré hacia los otros forzando una sonrisa.

INEFABLE ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora