Capítulo 34-36

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Capítulo 34

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ras un día y medio de camino llegamos a nuestro destino. Habríamos ido más rápido con el bólido, pero sabíamos que con ese vehículo era más probable que nos descubrieran. Así que preferimos coger un coche de tierra que sí, llamaría bastante la atención, pero podrían pensar que somos gente muy pobre que no tenemos el dinero suficiente como para poder comprar un coche volador. Por lo visto, tenían más que identificado a nuestro bólido. Conocían su matrícula, su color, la forma que tenía... Y también sabían quienes eran sus dueños, por lo tanto no les había sido difícil descubrirnos. Después de asesinar a esos hombres que nos perseguían, nos sentíamos algo más tranquilos después de aquella persecución por la autopista y el tiroteo que tuvo lugar poco después en el desierto al estilo del salvaje oeste. Pero a pesar de habernos cargado a esos cabrones, no estábamos del todo tranquilos porque sabíamos que vendrían más de ellos a por nosotros, estábamos seguros de que no tardarían en volver a intentar aniquilarnos. Ya habíamos comenzado el mes de junio y echaba mucho de menos a Gema y David que se habían quedado en el campus haciendo sus exámenes de recuperación. Esperábamos que los aprobaran con buena nota y tenerles muy pronto de vuelta con nosotros. Seguramente, se querrían unir a la lucha. No creo que se fueran a casa, no eran de ese tipo de personas que huían de los peligros.

La temperatura había cambiado bastante a medida que íbamos viajando. Mientras en el norte ésta era bastante baja; por el extenso desierto por el que habíamos pasado a través de la carretera, la temperatura subía a más de 35 grados. A medida que nos íbamos acercando a la frontera, la temperatura volvía a descender hasta llegar a una temperatura intermedia, aproximadamente unos 25 grados. Una temperatura ideal para cualquier tipo de actividad, y que los combatientes en esta contienda agradecíamos.

Cuando salimos del coche, Alberto cargó con todas nuestras maletas y las fue metiendo en una enorme casa que había enfrente de donde habíamos dejado aparcado el coche. Entonces un hombre salió de aquella casa. Parecía bastante vieja, sacada al menos del siglo pasado o incluso otro más. Parecía ser que el hombre vivía allí y que nos iba a acoger por algún tiempo. Seguramente fuera conocido de Erika o de Alberto porque una persona no te acoge en tu casa así como así. Probablemente sería el contacto que ambos tenían por estas tierras. No sabía exactamente las intenciones que tenía Erika en este territorio, supongo que trataría de conseguir más aliados. Su objetivo probablemente sería que todos los ejércitos rebeldes del país colaboraran juntos. Así seríamos más difíciles de vencer, porque si combate un frente por un lado y otro por otro, sería casi misión imposible derrocar al gobierno, que era al fin y al cabo el objetivo de todos.

Miré la cara que tenían todos mis amigos, algunos como Sandra estaban muy tensos, mientras por otro lado, Erika estaba sorprendentemente tranquila. Después de todos los peligros que habíamos pasado durante el viaje, incluyendo el hecho de que habíamos asesinado a varios hombres y ella estaba como si nada. ¿En que nos diferenciaba en ese momento del hombre al que queríamos derrocar? Nos habíamos convertido en asesinos al igual que él, pero con una pequeña diferencia. Que él llevaba unos veinte años asesinando gente más los 30 que estuvo su padre. Sin embargo, yo no podía evitar sentirme culpable por todo lo que había pasado. Soy una persona pacifista, siempre había estado en contra de la guerra. Y de repente, tengo en mis manos un fusil, una escopeta y me cargo a un hombre. Erika decía que eso era pura supervivencia porque no había duda de que ese hombre iba a matarnos sin pestañear. Pero eso no borraba el manchón que tenía en mi conciencia, en ese momento no sabía si iba a poder soportar esta carga. Pero a pesar de ello quería seguir allí, apoyar a mis amigos que estaban mucho más convencidos que yo de que esta lucha valía la pena, que era una oportunidad histórica para eliminar al dictador. Si no lo hacíamos ahora, estaríamos acabados para siempre. Al igual que si perdíamos la guerra porque eso legitimaría aún más al gobierno. Era nuestra oportunidad: ahora o nunca.

Visiones desde abajoWhere stories live. Discover now