Capítulo 13: El amor es demasiado bello para esconderlo en el armario.

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Era de madrugada y frío de esta se filtraban por su ventana que estaba abierta. Pero no, el aire frío en la cara no lo despertó, ni siquiera la posición en la que estaba o la incomodidad de tener aún puesta sus botas. Fue algo tan insignificante y agradable, que no debió de tener problema con ello, pero no todos los días te despiertas y hueles el aroma de la sudadera que no has querido regresar sin recordar haberla tenido en brazos al irte a dormir.

Se levantó de golpe -o eso intentó- y con los ojos abiertos de par en par observando el rostro pacíficamente dormido de Carter. Estaban abrazados el uno al otro y su brazo experimentaba un hormigueo debido a que el rubio estaba acostado sobre él.

Se sorprendió al darse cuenta de que no era un sueño, ni una pesadilla, era la estúpida y sensual realidad que le ponía en frente una imagen tan tentativa a empujarlo de la cama, especialmente después de lo que le susurró aquella voz entre sueños.

¿Destinados a amarse sin importar qué? Imposible. O al menos él no se sentía enamorado ni nada por el estilo.

De la nada, el calor lo empezó a agobiar asi que trató de zafarse del agarre del otro sin despertarlo. Al lograrlo, salió inmediatamente de su cuarto con la cara roja debido al bochorno.

Una vez más calmado, fue a revisar el cuarto de sus padres, solo estaba su papá y sus hermanos dormían en su cuarto propio. Al parecer su madre se había quedado en el turno de la noche. Su estómago comenzó a rugir por comida así que fue a asaltar la alacena en busca de algún dulce. Encontró un paquete de galletas grande a medio comer. Encendió una lámpara de la sala y se sentó en el sofá a comer silenciosamente mientras trataba de recordar qué rayos había pasado ayer como para terminar así con el Alfa.

Recuerda haber llegado a casa en compañía de Raymond, estar en el elevador, escuchó un pitido molesto, una voz, calor y después nada solo escuchaba las lejanas voces de sus amigos que estaban preocupados por su bienestar. Pero por más que quiso recordar, no pudo saber nada acerca de cómo Carter pudo llegar a su cama. Justo cuando pensó en ir a despertarlo para que se largara de su casa, escuchó el característico rechinido de la puerta del cuarto de sus hermanos ser abierta y pequeños pasos que se detenían en algún punto y después se dirigían hacia él.

-¿No puedes dormir? -le preguntó al pequeño que se sentó a su lado y extendió su mano para pedir una galleta-Es mucho azúcar para ti.

-¿Y por qué tú sí las puedes comer? -devolvió con su voz de reproche infantil.

-Porque soy el mayor. -sonrió con suficiencia-Ahora cuéntame, ¿Por qué no puedes dormir?

Alexander guardó silencio mientras parecía hacer círculos en su pijama de color azul con cohetes espaciales rojos.

-¿Tú amas a Carter? -la pregunta llena de inocencia lo tomó por sorpresa.

-¿Por qué lo dices?

-Es que está acostado en tu cama. ¿Durmieron juntos como lo hacen mamá y papá?

La infancia y la inocencia, dos cosas que nunca recuperará y que esperaba su hermano no perdiera jamás.

-No, eso... es algo muy diferente.

-¿Por qué?

-Te lo diré cuando crezcas. -se apresuró a decir-Y no le digas a nadie que él estuvo aquí ¿Sí? Ya sabes cómo se pone mamá.

Alexander asintió con lentitud.

-¿Está bien... que a mí me guste... un niño? -agachó la mirada y atrajó sus rodillas a su pecho y las abrazó.

Oh oh.

¿Qué debería hacer? ¿Que debería decirle? Se supone que esto se lo expliquen sus padres no él. Espera, no especificó, podría ser cualquier otra cosa, claro.

Un Amor Que No Quiere Ser¡Lee esta historia GRATIS!